Nueva York fue, desde el primer día, una ciudad hecha para el comercio. Eso explica casi todo lo demás.
Nueva Ámsterdam. El puerto natural en la desembocadura del río Hudson atrajo a la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, que fundó en 1625 un puesto comercial en el extremo sur de Manhattan. Se llamó Nueva Ámsterdam y ya entonces era una aldea políglota donde se hablaban más de una docena de idiomas. En 1664 los ingleses la tomaron sin disparar un tiro y la rebautizaron en honor al duque de York. Del trazado holandés queda una huella visible: el desorden de calles del Bajo Manhattan, tan distinto de la grilla del resto de la isla, y Wall Street, que era literalmente el muro defensivo del norte del asentamiento. Es el barrio que mejor se entiende caminando, y el free tour por Nueva York arranca justamente ahí.
La grilla y el crecimiento. En 1811 la ciudad adoptó el plan de calles numeradas que ordenó todo Manhattan por encima de Houston Street. Es la razón por la que hoy resulta imposible perderse. En 1857 se aprobó el proyecto de Central Park, el primer gran parque público paisajístico de Estados Unidos, en un terreno que entonces quedaba fuera de la ciudad. Y en 1898 los cinco condados se unieron en una sola ciudad: esa Nueva York de cinco caras es la que recorre el tour de contrastes.
La puerta de entrada. Entre 1892 y 1954 pasaron por Ellis Island más de doce millones de inmigrantes: irlandeses, italianos, judíos de Europa del Este, alemanes, griegos. La Estatua de la Libertad, regalo de Francia inaugurado en 1886, fue lo primero que vieron. De esa oleada salen los barrios que todavía definen a la ciudad y buena parte de su comida. Hoy las dos islas se visitan juntas con la excursión a la Estatua de la Libertad y Ellis Island, y el museo de Ellis conserva los registros de entrada: mucha familia argentina encuentra ahí su apellido.
El siglo de los rascacielos. Los años veinte y treinta dieron la silueta que hoy es la marca de Nueva York: el Chrysler en 1930 y el Empire State en 1931, levantado en poco más de un año en plena Gran Depresión. El Rockefeller Center llegó esa misma década, y su terraza —el Top of the Rock— es el mejor lugar para entender de una sola mirada cómo creció la ciudad. Tras la Segunda Guerra, con Europa devastada, Nueva York se volvió el centro financiero y cultural del mundo occidental y sede de las Naciones Unidas.
De la crisis al presente. Los años setenta fueron el punto más bajo: la ciudad casi quiebra en 1975 y la criminalidad se disparó. La recuperación de los noventa la transformó por completo. El 11 de septiembre de 2001 marcó a fondo a la ciudad y a la época; en el sitio de las Torres Gemelas están hoy el memorial, el museo del 11-S y el One World Trade Center, el edificio más alto del hemisferio occidental. Hoy Nueva York vuelve a tener los índices de delito más bajos de su historia registrada, y sigue siendo lo que fue siempre: el lugar al que se llega de afuera.
Todo lo que dejó esa historia, en qué visitar en Nueva York.
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