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Clima en Santiago de Chile

Santiago tiene clima mediterráneo: veranos calurosos y muy secos, inviernos frescos y húmedos, y las lluvias concentradas en pocos meses. Es un clima cómodo y previsible, parecido al de Mendoza, y en general no complica los planes. El widget de arriba te da el pronóstico del día.

El verano, de diciembre a febrero, es seco y caluroso. Los días son largos, prácticamente no llueve y el calor del mediodía puede ser fuerte, aunque la baja humedad lo hace más llevadero que el de Buenos Aires. Las noches refrescan, porque la ciudad está a cierta altura y con la cordillera al lado. Es la temporada alta para la costa y para el sur, y muchos santiaguinos se van, así que la ciudad queda más tranquila de lo que uno espera.

El invierno, de junio a agosto, es fresco y con lluvia. No es un invierno duro en términos de temperatura —nieva muy poco en la ciudad, aunque en la cordillera nieva y mucho—, pero es cuando se concentra casi toda la precipitación del año. Es también la temporada de esquí, con centros a menos de una hora, así que para cierto viaje es exactamente la fecha correcta.

Y acá va lo que conviene saber sin adornos: el aire. Santiago está en una cuenca cerrada por montañas, y en los meses fríos el aire se estanca. Entre otoño e invierno se declaran episodios de preemergencia y emergencia ambiental, con restricciones de circulación y de calefacción a leña. Para el visitante sano es una molestia menor —días de cielo lechoso y algo de irritación de garganta—, pero si viajás con alguien asmático, con problemas respiratorios o con chicos muy chicos, es un dato que pesa y que casi ninguna guía menciona.

La mejor época es la primavera, de septiembre a noviembre. Temperaturas amables para caminar todo el día, la ciudad florecida, el aire ya limpio, la cordillera todavía nevada de fondo —que es la mejor postal que da Santiago— y los precios lejos del pico del verano. Si tenés flexibilidad de fechas, es acá.

El otoño, de marzo a mayo, es la otra buena ventana, y tiene algo propio: es la vendimia. Los valles de alrededor cosechan y muchas viñas abren con actividades especiales. Los días siguen siendo agradables, hay menos gente que en verano y el aire todavía no se cargó del todo. Para un viaje de vino y comida, es el momento.

La peor combinación es pleno invierno sin plan de nieve. Junio y julio juntan lo gris, la lluvia, el aire pesado y los días cortos. Si no vas a esquiar y no tenés fecha fija, salteá esos dos meses. Y si vas por tierra en esa ventana, sumale el riesgo real de que el paso cordillerano esté cerrado, explicado en cómo llegar.

Sobre qué llevar. En verano, ropa liviana y protección solar de verdad: la radiación en esta latitud y con este aire seco es más fuerte de lo que sugiere la temperatura. En invierno, abrigo de entretiempo y algo impermeable, más campera de verdad solo si vas a subir a la cordillera, donde el salto térmico es enorme. Y en cualquier época, calzado cómodo: el centro se camina y los cerros se suben. Las fechas de cada evento están en fiestas y eventos.


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