Santiago se recorre por zonas y con metro, y el casco histórico entra entero en una caminata. Para ordenar el primer día, el free tour por Santiago es el punto de partida más usado, y la visita guiada por Santiago lo hace con más detalle.
El centro histórico es chico y denso. La Plaza de Armas es el kilómetro cero del país y sigue siendo una plaza viva, con ajedrecistas, predicadores y fotógrafos de cajón; alrededor están la Catedral Metropolitana y el edificio del Correo Central. A pocas cuadras, el Palacio de La Moneda, sede del gobierno: se puede recorrer su patio interior y, por debajo, está el Centro Cultural La Moneda, que tiene salas de exposición y una librería. Es una de las cosas que más sorprende a quien llega esperando un edificio cerrado.
Los dos cerros son la mejor vista y funcionan distinto. El Cerro Santa Lucía está en pleno centro, se sube caminando por escalinatas y terrazas de piedra, y es gratis: es el sitio donde se fundó la ciudad en 1541. El Cerro San Cristóbal es mucho más grande, forma parte del Parque Metropolitano y se sube en funicular desde Bellavista o en teleférico desde Providencia. Anotá esto porque arruina paseos: el teleférico funciona de martes a domingo, de 10:00 a 18:45, y cierra los lunes. Tiene dos líneas, Pedro de Valdivia y Pío Nono, y el sistema integra funicular y buses panorámicos. Se resuelve fácil con el tour por Santiago con teleférico al San Cristóbal.
El museo que hay que ver, si ves uno solo, es el Precolombino. El Museo Chileno de Arte Precolombino, en Bandera 361, tiene una de las colecciones de arte originario más importantes del continente y está montado con un cuidado que no es habitual. Abre de martes a domingo de 10 a 18 y cierra los lunes y los feriados irrenunciables —una figura chilena que conviene conocer: son días en que el comercio cierra por ley, y arrastran a museos y atracciones—.
El otro imprescindible es de otra naturaleza. El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en Quinta Normal, está dedicado a las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura entre 1973 y 1990. No es un museo agradable ni pretende serlo, y es probablemente lo más potente que se visita en Santiago. Está pensado para recorrer con tiempo. Conviene confirmar horarios y condiciones de entrada en su sitio oficial antes de ir.
Neruda tiene casa acá y es visitable. La Chascona, en Bellavista, es la que construyó para Matilde Urrutia, con la excentricidad de barco y de laberinto que tienen todas sus casas. La administra la Fundación Pablo Neruda, que también maneja Isla Negra y La Sebastiana de Valparaíso. Se visita con audioguía y conviene chequear el día de cierre.
Los mercados: uno funciona y el otro decepciona. La Vega Central es el mercado de verdad, donde compra la ciudad, enorme y sin ninguna concesión al turismo: frutas, verduras, cocinerías baratas y buenas. El Mercado Central, el del edificio de hierro con los restaurantes de pescado, es el caso de manual del lugar que vivió de su fama: el edificio vale la pena, pero los locales del centro del salón trabajan casi exclusivamente para el turista, con precios notoriamente más altos y calidad despareja. Si vas, comé en los boliches del perímetro, no en los del medio, y andá al mediodía.
Y para vista panorámica, el mirador del Costanera Center. El Sky Costanera ocupa los pisos superiores de la torre más alta de Sudamérica y desde arriba se entiende de una vez la escala de la ciudad y la muralla de los Andes. Es de las pocas cosas donde vale la pena elegir bien el horario: al atardecer se llena, pero es cuando mejor se ve. Mirá también las fotos de Santiago de Chile.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"