Valparaíso se camina, y se camina en subida. Lo primero que conviene entender es su geografía: abajo está el plan, la franja llana junto al puerto donde está la actividad comercial y portuaria; arriba están los cerros, que es donde vive la ciudad y donde está todo lo que uno viene a ver. Entre uno y otro se sube caminando, en ascensor o en micro.
Los cerros Concepción y Alegre son el corazón del asunto. Están pegados, se recorren juntos y concentran los paseos con mirador, las casas patrimoniales, los murales más conocidos y la mayor parte de los cafés y restaurantes. Los paseos Gervasoni, Atkinson y Yugoslavo son balcones sobre la bahía y son gratis. Si hacés una sola cosa en Valparaíso, es perderte acá una tarde entera.
Los ascensores son transporte y son patrimonio a la vez. Quedan varios en funcionamiento de los muchos que llegó a tener la ciudad, y algunos son de fines del siglo XIX. Suben en diagonal por la ladera en cajones de madera y valen la pena tanto por el viaje como por adónde te dejan. No todos están operativos al mismo tiempo: hay restauraciones permanentes, así que conviene confirmar en el momento cuáles están andando. El tour de los ascensores los recorre con contexto.
La Sebastiana es la visita con nombre propio. La casa de Pablo Neruda en el cerro Florida es una torre de cinco pisos que él fue llenando de objetos: mascarones, mapas, un caballo de calesita, bares improvisados. La vista desde arriba es de las mejores de la ciudad. La administra la Fundación Neruda y se recorre con audioguía; conviene chequear el día de cierre antes de subir.
El arte urbano merece su propio recorrido. Los murales están repartidos por todos los cerros, pero se concentran en Concepción, Alegre y Bellavista. Hay obras de artistas chilenos e internacionales, y muchas tienen años de historia y de repintado. Se puede recorrer por libre siguiendo el mapa de cualquier café, o con guía, que es donde uno se entera de quién pintó qué y por qué, con el tour del arte urbano.
En el plan hay dos cosas que valen la parada. La Plaza Sotomayor, con el monumento a los héroes de Iquique y el edificio de la Armada, es el centro cívico del puerto. Y desde el muelle Prat salen los paseos en lancha por la bahía, que son la forma de ver la ciudad desde el agua y entender de una vez cómo está apilada sobre los cerros. Es barato, corto y sorprendentemente bueno.
Lo que conviene saltear: el plan más allá de Plaza Sotomayor no tiene demasiado interés turístico y sí bastante deterioro. Y una advertencia práctica que arruina paseos: buena parte del comercio y varios museos cierran los lunes, y los feriados irrenunciables bajan persianas por ley. Mirá también las fotos de Valparaíso.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"