Playa Flamenco es la playa insignia de Cayo Coco y la que más se recorre a pie. Son varios kilómetros de arena clara y fina con una pendiente muy suave, agua tibia y transparente, y una franja de vegetación baja atrás que la protege del viento. En el sector central hay un ranchón con servicios, y caminando hacia los extremos se va vaciando hasta quedar prácticamente sola, que es donde mejor se disfruta.
Playa Pilar, ya en Cayo Guillermo, es la excursión de playa que sí vale el viaje en auto. Está en la punta oeste del cayo vecino, a unos treinta kilómetros por carretera, y tiene dunas de arena que superan los quince metros de altura, algo rarísimo en el Caribe. El nombre viene del barco de Hemingway. Se llena a media mañana con la gente que llega en excursión, así que si podés ir temprano, andá temprano.
Los flamencos rosados son el otro sello del lugar y no hace falta pagar nada para verlos. Viven en las lagunas saladas del cayo y en la bahía que cruza el pedraplén, y suelen verse en bandada desde el mismo camino, sobre todo a primera hora de la mañana y al atardecer. Llevá binoculares y un lente con algo de alcance, porque se mantienen lejos de la orilla y de cerca casi nunca se dejan.
El snorkel y el buceo sobre la barrera coralina son la actividad que más gente recuerda al volver. El arrecife corre paralelo a la costa a poca distancia, con corales duros, gorgonias, barracudas y cardúmenes enormes, y hay puntos de inmersión con paredes y cuevas para los que ya bucean. Una buena puerta de entrada es la excursión de snorkel en Cayo Coco, que sale en barco y ya lleva el equipo.
La pesca es la actividad histórica de estas aguas y sigue siendo muy buena. En los canales entre los cayos y en los llanos de arena se pesca a la mosca el macabí, el sábalo y el permit, y mar afuera se sale por especies grandes. Hemingway pescaba justamente acá y ambientó parte de sus novelas en estos canales. Se contrata por barco y por medio día o día completo, casi siempre con devolución al agua en la pesca de llano.
Cayo Paredón Grande, hacia el este, es la escapada más solitaria del conjunto. Se llega por otro pedraplén más corto y lo que hay ahí es el faro Diego Velázquez, una torre rayada en negro y amarillo del siglo diecinueve, y playas prácticamente vacías con arrecife bien cerca de la orilla. No hay servicios ni sombra, así que llevá agua, comida y protector, y calculá volver antes de que caiga el sol.
Y para entender de qué vive el país hay dos salidas culturales que se hacen desde el cayo. Una es el tour del tabaco, el ron y el azúcar, que recorre los tres productos que explican la historia económica cubana; la otra es la excursión a Morón y la Laguna Redonda, que cruza a tierra firme. Mirá también las fotos de Cayo Coco.
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