Viña del Mar tiene clima mediterráneo costero, igual que Valparaíso: moderado en las dos puntas del año porque el mar le corta los extremos. No hace el calor seco de Santiago en verano ni frío duro en invierno. Es un destino que funciona todo el año, aunque su temporada fuerte está claramente marcada. El widget de arriba te da el pronóstico del día.
El verano, de diciembre a marzo, es la temporada y se nota. Días largos, prácticamente sin lluvia, temperaturas agradables y toda la ciudad volcada al frente costero. Es cuando Viña está en su mejor versión y también cuando está más llena y más cara: es el balneario de referencia del turismo interno chileno, así que enero y febrero son de reserva anticipada obligatoria.
Y acá va el dato que más sorprende al argentino, así que conviene decirlo sin vueltas. El agua del Pacífico en esta costa es fría de verdad, mucho más que la del Atlántico argentino a la misma latitud, por efecto de la corriente de Humboldt que sube desde el sur. Se toma sol, se camina la orilla y se disfruta la playa, pero meterse al agua un rato largo no es para cualquiera, ni siquiera en pleno enero. Quien venga esperando el mar de Mar del Plata se va a llevar una sorpresa.
La camanchaca es el otro fenómeno local que conviene conocer. Es una niebla costera espesa que entra desde el mar y puede cubrir la mañana, sobre todo en primavera y a comienzos del verano. Suele levantar hacia el mediodía y el día termina despejado. No arruina nada, pero explica por qué a veces uno se despierta con el mar tapado en pleno enero.
El invierno, de junio a agosto, es fresco y lluvioso pero llevadero. Ahí se concentra casi toda la precipitación del año. La ciudad queda tranquila, los precios bajan bastante y el paseo costero con mar bravo tiene su propio atractivo. Es buena época para quien busca descanso y no playa, y para combinar con Valparaíso sin multitudes.
Las mejores ventanas son la primavera y el otoño. De septiembre a noviembre y de marzo a mayo hay temperaturas cómodas, mucha menos gente que en verano, precios razonables y los jardines de la ciudad en su mejor momento. Si el plan no depende de meterse al mar —que como vimos tampoco es la gracia acá—, es cuando más se disfruta.
Sobre qué llevar. Ropa liviana en verano pero siempre con un abrigo a mano, porque apenas cae el sol el viento del Pacífico refresca y en la costanera se siente. Protección solar de verdad todo el año: la radiación en esta latitud es fuerte y el viento engaña, uno se quema sin darse cuenta. Y calzado cómodo, porque acá se camina mucho aunque sea todo plano. Las fechas de cada evento están en fiestas y eventos.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"