Viña del Mar es el balneario más conocido de Chile y el opuesto exacto de su ciudad vecina. Donde Valparaíso es laberinto, cerro y caos encantador, Viña es avenida ancha, jardín cuidado y edificio moderno frente al mar. Están pegadas —se pasa de una a otra sin darse cuenta— y esa combinación de contrarios a pocos minutos es lo que hace tan redonda la visita a esta parte de la costa chilena.
La llaman la Ciudad Jardín y el apodo se lo ganó. Tiene parques, plazas arboladas y jardines públicos en el medio del casco urbano, y una tradición de cuidado del espacio verde que se nota apenas uno camina. Es una ciudad cómoda, plana, ordenada y fácil de recorrer, cosa que después de un día de escaleras en Valparaíso se agradece bastante.
Lo que la gente viene a buscar acá es la playa. El frente costero tiene una sucesión de playas de arena con el paseo marítimo al lado, y en verano es donde se concentra buena parte del turismo interno chileno. Ojo con una cosa que sorprende al argentino: el agua del Pacífico en esta latitud es fría de verdad, mucho más que la del Atlántico argentino a la misma altura. Se toma sol y se camina; nadar es para valientes. Qué hay está en qué hacer en Viña del Mar.
Tiene dos íconos que se ven en toda postal. El Reloj de Flores, hecho con plantas vivas en la ladera de la entrada a la ciudad, que es la foto obligada y que efectivamente funciona. Y un moái original traído de Isla de Pascua, que está en el museo Fonck y es de las pocas oportunidades de ver uno de verdad sin volar cinco horas al Pacífico.
Es también la ciudad del Festival. Cada febrero, el Festival Internacional de la Canción se hace en la Quinta Vergara y paraliza la televisión chilena durante una semana. Es el evento más importante del país en su tipo y llena la ciudad entera. Si viajás en esa fecha, hay que reservar con mucha anticipación; si no querés multitud, conviene evitarla. Las fechas están en fiestas y eventos.
Para el viajero argentino tiene una ventaja práctica sobre Valparaíso: es más cómoda para dormir. Hoteles más grandes y nuevos, estacionamiento, veredas planas y una sensación general de tranquilidad que hace mucha diferencia si viajás con chicos, con gente mayor o con valijas. Muchos hacen justamente eso: duermen en Viña y recorren Valparaíso de día.
Se llega volando a Santiago —el argentino entra a Chile solo con DNI— y desde ahí es hora y media por autopista, con buses todo el día. Y una vez en la zona, el tren de superficie une Viña con Valparaíso en minutos, así que moverse entre las dos no cuesta nada. Los detalles están en cómo llegar a Viña del Mar.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"