Viña come de cara al Pacífico, y el producto es la razón para elegir bien dónde sentarse. Esta costa da mariscos que en Argentina no existen o son rarísimos: machas, locos, erizos, congrio, reineta. Comer marisco acá no es un lujo de ocasión, es lo que corresponde, y hay opciones en todos los rangos, desde la caleta de pescadores hasta el restaurante con mantel frente al mar.
Las machas a la parmesana son el plato que hay que pedir. Se sirven gratinadas en su propia valva, para compartir de entrada, y son de las cosas más ricas de toda la costa chilena. Muy cerca están el chupe de jaiba, gratinado y contundente en fuente de greda, y el caldillo de congrio, que tiene oda de Neruda y está a la altura de la fama.
Hay una regla local que conviene seguir: comé en las caletas. Las caletas de pescadores del litoral —especialmente en Concón, hacia el norte— tienen restaurantes sencillos donde el pescado llega directo del bote y se cocina sin ceremonia. Es notoriamente mejor y más barato que buena parte de lo que se sirve en el frente costero de la ciudad, que trabaja más con volumen turístico que con producto.
Concón, de hecho, tiene fama propia como destino gastronómico y está a media hora por la costanera. Muchos viñamarinos van especialmente a comer ahí un domingo. Combina bien con las dunas y con el atardecer, así que se puede armar una salida completa de tarde y noche.
En la ciudad, la escena está repartida. El centro tiene la oferta más variada y cotidiana, con menú del día al mediodía; el frente costero, la vista; y Reñaca, más al norte, concentra bares y restaurantes de verano con bastante movimiento nocturno. Un consejo transversal que sirve en todo Chile: el menú del día al almuerzo incluye entrada, plato y a veces postre por una fracción de lo que cuesta lo mismo a la noche.
El vino está a media hora hacia el interior. El Valle de Casablanca, camino a Santiago, es la zona de los blancos de Chile: el sauvignon blanc y el chardonnay que exporta el país salen mayormente de ahí, favorecidos por el aire frío del Pacífico. Varias bodegas reciben con visita guiada y degustación, y se hace cómodo en medio día desde Viña.
Y un apunte honesto sobre precios. Viña no es barata, sobre todo en temporada y en el frente costero, donde se paga bastante por la ubicación. Lo que conviene es sencillo: almorzar con menú del día en el centro y cenar en las caletas o en Concón. Ahí está la mejor comida por lo que se paga, y es lo que hace la gente que vive acá. Dónde dormir cerca de todo esto, en hoteles en Viña del Mar.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"