Las islas Ballestas son la excursión que justifica la parada y la primera que hay que reservar. Son un grupo de islotes rocosos frente a la bahía, cubiertos de fauna: colonias ruidosas de lobos marinos que se apilan en las rocas, pingüinos de Humboldt escondidos en las grietas, piqueros, pelícanos y guanays por millares, y con suerte delfines cruzando la lancha. El paseo en barco por las islas Ballestas es la forma estándar de hacerlo y dura alrededor de dos horas.
Camino a las islas la lancha frena frente al Candelabro, y ese es un momento aparte. Es un geoglifo gigante grabado en la ladera de arena de la península, de unos 180 metros de alto, con forma de candelabro de tres brazos o de cactus, según a quién le preguntes. Nadie sabe con certeza quién lo hizo ni para qué: se lo asocia a la cultura Paracas, a las líneas de Nazca y hasta a una señal para navegantes. Se ve solo desde el agua.
La Reserva Nacional de Paracas es la otra mitad del destino y es puro desierto contra océano. Es un área protegida enorme que combina península, bahías y mar, donde la arena termina en acantilados de tierra roja y ocre que caen sobre agua turquesa. Se recorre en vehículo entre miradores y playas, con paradas cortas para bajar y mirar. El tour por la Reserva Nacional de Paracas cubre el circuito clásico.
Dentro de la reserva hay tres paradas que son las que todo el mundo recuerda. La playa Roja, de arena rojiza por la erosión de un cerro volcánico, es la imagen más fotografiada del parque. La zona de la Catedral, donde había una formación rocosa horadada por el mar que colapsó con el terremoto de 2007, se mira hoy desde el mirador. Y la playa de Lagunillas, con sus caletas de pescadores, es donde suele pararse a comer.
Si tenés un solo día, la salida combinada resuelve todo de una vez. Sale a la mañana con la lancha a las Ballestas y sigue a la tarde con el recorrido por el desierto, sin tener que contratar dos cosas por separado ni volver al hotel en el medio. Es el formato que eligen casi todos los que están de paso en el circuito de bus. Podés verlo en islas Ballestas y Reserva Nacional de Paracas.
Para quien quiera algo más movido, están los cuatriciclos y la caminata del atardecer. El tour en cuatriciclo por la Reserva de Paracas mete adrenalina en los médanos y llega a rincones que el bus no toca. El senderismo al atardecer por la Reserva de Paracas es el opuesto: caminata tranquila con la luz baja encendiendo los acantilados, que es cuando el desierto se pone realmente lindo.
Y queda lo que se hace sin contratar nada, que es poco pero agradable. El malecón del balneario de El Chaco se camina de punta a punta al atardecer, con las lanchas amarradas y los pelícanos parados en los postes; hay puestos de artesanía y un museo de sitio dedicado a la cultura Paracas dentro de la reserva. También se puede cruzar al puerto de Pisco, que tiene otro pulso, más de ciudad de trabajo. Las imágenes de todo esto están en fotos de Paracas.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"