Este es el destino canadiense donde el "cómo llegar" define el viaje, así que conviene ir por partes. Lo primero: no hay vuelo directo desde Buenos Aires a Vancouver. Ninguna aerolínea opera la ruta. Toda opción tiene mínimo una escala y, en la práctica, dos.
El camino que evita Estados Unidos pasa por Toronto. La ruta más usada combina Buenos Aires con San Pablo, de ahí a Toronto con Air Canada en Boeing 787-9 —un vuelo de unas diez horas y veinte minutos— y después el cabotaje a Vancouver. Hay una variante estacional vía Santiago de Chile hacia Toronto o hacia Montreal. En total son alrededor de 19 a 21 horas de vuelo más los tiempos de escala. También existe una opción sin Estados Unidos vía Ciudad de México, de unas quince horas cuarenta de vuelo.
Y acá está la advertencia que puede arruinar un viaje entero. Las conexiones más cortas —Houston, Dallas, Atlanta, de catorce a quince horas de vuelo— pasan por Estados Unidos, y para eso hace falta visa estadounidense, sin excepciones. Argentina no está en el programa de exención de visas de Estados Unidos, así que el ESTA no sirve. Y Estados Unidos no tiene tránsito estéril: aunque solo cambies de avión, pasás migraciones y aduana igual. Hay un proceso político en curso para que Argentina reingrese al programa, pero hoy no está: no lo des por hecho.
La segunda advertencia es sobre la eTA canadiense. Sirve solo para entrar volando, incluso si el vuelo viene desde Estados Unidos, y para poder tramitarla hay que haber tenido visa canadiense de visitante en los últimos diez años o tener visa estadounidense de no inmigrante vigente. Quien no tenga ninguna de las dos cosas necesita una visa de visitante canadiense completa, no una eTA. Y lo más importante: el clásico "me tomo el bus desde Seattle" o "cruzo en auto por Blaine" invalida la eTA. Lo mismo si llegás en crucero. Por tierra o por mar hace falta visa de visitante.
Del aeropuerto al centro hay tren y es directo. La Canada Line del SkyTrain conecta la terminal de YVR con el downtown sin transbordos y en menos de media hora. Al precio del viaje se le suma un recargo de aeropuerto que lo convierte en el trayecto más caro de todo el sistema, y el valor exacto lo publica TransLink en su web, que es donde conviene mirarlo el mismo día que viajás. Y un dato de oro: el recargo solo se cobra al salir del aeropuerto, no al ir hacia él, o sea que la vuelta al aeropuerto se paga como un viaje común y sale bastante menos. Si llegás cansado o con equipaje, el traslado privado desde el aeropuerto está bien valorado y te deja en la puerta del hotel.
Las tarifas de TransLink subieron el 1 de julio de 2026, así que cualquier tabla anterior está vencida y no conviene fiarse de los valores publicados en guías. El sistema cobra por zonas: una, dos o tres, según cuántas cruces. Con tarjeta Compass sale más barato que pagando con tarjeta contactless, así que si vas a estar varios días, la Compass se paga sola. Existe además un pase diario, que rinde el día que hagas muchos tramos largos, y los transbordos son gratis dentro de los 90 minutos entre colectivo, SkyTrain y SeaBus. Los colectivos son siempre una zona, a cualquier hora. Los valores vigentes están publicados en la web de TransLink.
Y hay una regla de tarifa que vale plata para un turista. Después de las 18:30 de lunes a viernes, todo el fin de semana y todos los feriados provinciales, el sistema entero cobra tarifa plana de una zona, sin importar cuántas zonas cruces. Si tu plan es salir a la tarde, cenar y volver, o moverte los sábados y domingos, prácticamente nunca vas a pagar más que el mínimo del sistema, y eso incluye cruzar hasta North Vancouver o llegar hasta Richmond. La Compass Card tiene además un depósito reembolsable, que se recupera entero devolviendo la tarjeta antes de irte.
El SeaBus es la mejor relación vista-precio de la ciudad. Es un catamarán que cruza el Burrard Inlet entre Waterfront, en el centro, y Lonsdale Quay, en North Vancouver, con la vista completa del skyline y las montañas. Cuesta lo mismo que un colectivo y entra en el mismo transbordo de 90 minutos: es un paseo turístico disfrazado de transporte público.
Para bicicletas y para Whistler, dos apuntes. El sistema público Mobi ya no tiene pase de 24 horas: al turista de paso solo le queda el pago por viaje, con un cargo de desbloqueo más un cobro por minuto, así que dar la vuelta al Seawall en bici sale bastante más caro con Mobi que con un alquiler tradicional por hora y conviene ir directo a alguno de los locales de bicicletas que están frente a Stanley Park. Y para Whistler, que está a dos horas de auto por la Sea to Sky Highway, sin auto existe el YVR Skylynx, que hace el trayecto directo y tiene un pasaje de ida y vuelta más conveniente que dos tramos sueltos; los valores vigentes se consultan en la web del operador. Si alquilás auto en invierno, preguntá por neumáticos de invierno: entre el 1 de octubre y el 30 de abril la ruta 99 los exige. Más datos prácticos en información útil.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"