Ottawa es la capital de Canadá por accidente, y la historia es tan buena que conviene contarla de entrada. Después de la unificación de 1841 el Parlamento no lograba fijar una capital: sesionó en Kingston, en Montreal, y después alternaba entre Toronto y Quebec. Se votó el asunto más de doscientas veces sin resolverlo. Agotados, los legisladores le pidieron a la reina Victoria que decidiera ella. El 31 de diciembre de 1857 llegó la respuesta desde Londres: Ottawa, un pueblo maderero de quince mil habitantes que casi nadie tenía en la lista.
Ganó por razones concretas. Estaba en el límite exacto entre el Canadá francófono y el anglófono, equidistante entre Toronto y Quebec, y sobre todo lejos del alcance de un ataque estadounidense por agua, cosa que Toronto, Kingston y Montreal no podían decir. La ratificación de 1859 pasó por apenas cinco votos. Todo eso está contado en la historia de Ottawa.
Lo que el visitante encuentra hoy es una capital rara y muy cómoda: chica, caminable, con museos nacionales de primer nivel y sin la escala que abruma. Parliament Hill, las esclusas del Rideau, el Château Laurier, el ByWard Market, la catedral de Notre-Dame, la National Gallery y Major's Hill Park están todos dentro de un radio de menos de un kilómetro. Se hace a pie, sin transporte, en un día. Qué ver está en qué hacer en Ottawa.
Y hay un dato que hay que decir antes de vender el destino: el Centre Block, el edificio icónico con la Peace Tower, está cerrado al público por una restauración multimillonaria que termina alrededor de 2031. Es una obra enorme, con cientos de obreros trabajando ahí todos los días, y no hay manera de apurarla: si tu pasajero viaja antes de esa fecha, la foto clásica con la Peace Tower la saca desde afuera y listo. No se entra. Lo que sí se puede visitar, y gratis, son la Cámara de los Comunes en el West Block, el edificio del Senado y el show inmersivo de Sparks Street. Son tres tickets separados, los tres sin costo, y conviene reservarlos con tiempo en el sistema oficial del Parlamento porque el cupo de verano vuela.
El Rideau Canal es la otra carta fuerte, y la única de su tipo en la provincia. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2007 y el único sitio con esa categoría en todo Ontario. Son 202 kilómetros y 45 esclusas desde Kingston. En invierno, cuando el hielo acompaña, sus 7,8 kilómetros centrales se convierten en el Rideau Canal Skateway, la pista de patinaje sobre hielo natural más grande del mundo según Guinness, y es gratis y abierta las 24 horas.
Ottawa es también una ciudad de dos provincias. Cruzando el Alexandra Bridge a pie desde el ByWard Market se llega a Gatineau, en Quebec, donde está el Canadian Museum of History con la mejor vista del Parlamento del país. Se cambia de provincia, de idioma y hasta de impuesto en quince minutos de caminata. Y a media hora está el Gatineau Park, 361 kilómetros cuadrados con entrada gratis y shuttle gratuito de mayo a octubre.
El calendario manda mucho acá. El 1 de julio, Día de Canadá, Ottawa es el centro del país: todo gratis, siete museos nacionales sin entrada y transporte público sin costo. Entre fines de enero y mediados de febrero está Winterlude. En mayo, el Canadian Tulip Festival, con más de un millón de tulipanes que se remontan a un regalo neerlandés de 1945 que todavía llega cada año. Las fechas exactas están en fiestas y eventos. Y si querés una primera pasada ordenada, el free tour por Ottawa resuelve la mañana inicial.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"