El Estrecho de Magallanes fue durante casi cuatro siglos el paso obligado entre los dos océanos, y esa es la razón de existir de esta ciudad. Cuando la expedición de Magallanes lo cruzó en 1520 abrió una ruta que cambió el comercio mundial, y desde entonces todos los barcos que iban de Europa al Pacífico tuvieron que pasar por acá.
Antes de eso, la región estaba habitada por pueblos originarios con miles de años de presencia. Los kawésqar y los yámanas navegaban los canales en canoas y vivían del mar; los selk'nam y los aónikenk recorrían la estepa cazando guanacos. Su desaparición, entre enfermedades traídas de afuera y persecución durante la colonización ganadera, es una de las páginas más duras de la historia chilena.
Chile ocupó formalmente la zona en 1843, con la fundación del Fuerte Bulnes. Era un enclave militar en un promontorio azotado por el viento, con condiciones tan malas que pocos años después la población se trasladó al sitio actual de Punta Arenas, donde había agua, leña y mejor abrigo.
La ciudad empezó como colonia penal y creció con la fiebre del oro y con la lana. A fines del siglo diecinueve, la introducción de la oveja transformó la Patagonia austral: enormes estancias, frigoríficos, barcos cargados de lana hacia Europa y un puñado de familias que acumularon fortunas colosales.
Esas familias construyeron los palacios que hoy son el orgullo arquitectónico de la ciudad. Trajeron mármoles, maderas y muebles desde Europa, contrataron arquitectos franceses y levantaron residencias que hoy funcionan como museos, clubes y hoteles. Ese es el patrimonio que sorprende a cualquiera que llegue esperando un pueblo de frontera.
La inmigración fue enorme y muy variada, sobre todo croata. Llegaron también británicos, españoles, suizos y alemanes, y esa mezcla dejó apellidos, comidas, clubes e iglesias que todavía marcan la vida social de la ciudad. El cementerio es donde mejor se lee esa historia.
La apertura del Canal de Panamá en 1914 fue un golpe del que la ciudad tardó en recuperarse. Los barcos dejaron de pasar por el estrecho y la economía se replegó sobre la ganadería y, más tarde, sobre el petróleo, la pesca y el turismo. Hoy Punta Arenas es además la capital de la Antártica chilena y base de la investigación polar del país. Más en historia de Punta Arenas.
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