En Viñales se duerme en casa particular, y acá eso está mucho más generalizado que en el resto de Cuba. Son casas de familia autorizadas a alquilar habitaciones a turistas, y en el pueblo hay cientos: calles enteras donde prácticamente todas las viviendas tienen cuartos disponibles. No es una alternativa económica de segunda categoría, es directamente el sistema de alojamiento del destino, y el que mejor funciona.
Cómo se reconocen y cómo funcionan es más simple de lo que parece. Las casas habilitadas llevan un cartel azul con un símbolo en la puerta, tienen licencia y están obligadas a registrar tu pasaporte, algo que hacen apenas llegás. Se reservan por las plataformas habituales, por correo o, muy común, por la cadena boca a boca: la casa donde estuviste en La Habana te consigue y te confirma una en Viñales.
Lo que se recibe por lo general es mejor de lo que uno imagina. Una habitación privada con baño propio, aire acondicionado, ventilador y a veces heladera chica, dentro de una casa donde la familia sigue viviendo. Muchas tienen terraza en la azotea con vista a los mogotes, patio con mecedoras y perro incluido. El desayuno y la cena se pagan aparte y se avisan con anticipación, y suelen valer mucho la pena.
La razón para elegirla no es solo el precio: es que te resuelven el viaje. La familia te consigue el taxi colectivo, te recomienda al guía que conoce las vegas de verdad, te avisa qué cueva está cerrada, te consigue caballos, te lava la ropa y te reserva la casa del próximo destino. En un país donde no podés googlear nada porque no hay internet, ese conocimiento local vale más que cualquier servicio de hotel.
Hoteles hay, y son pocos y particulares. Los principales están fuera del pueblo, en altura, y su gran activo es la vista: uno de ellos ocupa el mirador más famoso del valle. La ubicación es imbatible para el amanecer y el atardecer, pero el servicio y el mantenimiento son irregulares y quedás lejos de los restaurantes y de la vida del pueblo, dependiendo de un auto o de la caminata cuesta arriba.
Elegir entre pueblo y valle es la decisión principal. Dormir en el pueblo te deja todo a pie: restaurantes, música en vivo, alquiler de bicis y salidas de excursión. Dormir en una casa del valle, sobre los caminos de tierra, te da silencio absoluto, cielo estrellado sin luces y el campo en la puerta, a cambio de depender de un traslado para cada comida. Con dos o tres noches, la primera opción suele rendir más.
Y la advertencia de siempre: reservá antes en temporada alta. Entre diciembre y marzo, y sobre todo en las semanas de fiestas, las casas mejor ubicadas se agotan y quien llega sin nada termina caminando de puerta en puerta con la mochila puesta. Confirmá por escrito, avisá la hora de llegada y llevá efectivo para pagar. Las alternativas disponibles están en hoteles en Viñales.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"