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Trinidad turismo

Trinidad

Sancti Spíritus - Cuba

Turismo en Trinidad

Trinidad es la escapada que termina haciendo absolutamente todo el que va a Cuba. Está en la costa sur, en la provincia de Sancti Spíritus, a unos trescientos veinte kilómetros de La Habana, y es una ciudad colonial de calles empedradas y casas bajas pintadas de colores fuertes que se quedó detenida en el siglo XIX. Ronda los setenta mil habitantes, se recorre entera a pie en un día y sin embargo casi nadie se va antes de tres. Es el contrapeso perfecto del ruido y la escala de la capital.

Lo que la hace distinta no es que la hayan restaurado, sino que nunca la tocaron. Trinidad se hizo rica con el azúcar entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX, y cuando ese negocio se derrumbó la ciudad quedó sin plata para demoler nada ni para construir encima. Se quedó quieta durante más de cien años, con sus casonas, sus rejas de madera, sus tejas y su empedrado intactos, simplemente porque no había con qué cambiarlas. La pobreza fue, sin quererlo, el mejor conservacionista que tuvo.

Desde 1988 es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y el reconocimiento no fue solo para el casco urbano: la declaración incluye al Valle de los Ingenios, el valle vecino donde estaban las plantaciones y los trapiches que generaron esa riqueza. Ciudad y valle se declararon juntos porque son la misma historia contada desde dos lados: acá vivían los dueños, allá trabajaban los esclavizados. Entender eso cambia por completo lo que ves cuando caminás por la Plaza Mayor.

Caminarla es la actividad principal, y no hace falta mucho más. El corazón es la Plaza Mayor, una plaza escalonada con jarrones blancos, palmeras y perros durmiendo al sol, rodeada por la iglesia parroquial y por cuatro o cinco palacetes convertidos en museos. A media cuadra está el campanario amarillo del antiguo convento de San Francisco, que es la vista clásica de la ciudad: desde arriba se ve el mar de techos de tejas rojas, la sierra atrás y el Caribe adelante.

De noche la ciudad se concentra en un solo lugar y funciona muy bien así. La escalinata que sube al costado de la iglesia se llena de gente sentada en los escalones y arriba toca en vivo la Casa de la Música, con son, salsa y timba hasta tarde, al aire libre. Alrededor hay otros tres o cuatro locales chicos, incluida una discoteca metida adentro de una cueva. No hay que planificar la noche: se sale, se sube la escalinata y ya está.

Alrededor tiene todo lo que uno le pediría a un destino cubano. A pocos kilómetros están el Valle de los Ingenios con la torre de Manaca Iznaga, playa Ancón con su arena blanca y su agua tibia, y Topes de Collantes, en la sierra del Escambray, con saltos de agua, senderos y aire fresco de montaña. Y para el atardecer está el Cerro de la Vigía, la loma que domina el pueblo. En tres o cuatro días hacés ciudad, valle, montaña y playa sin moverte de la misma cama.

Ahora la advertencia honesta, porque conviene decirla desde el principio. Trinidad no es un Caribe de resort ni Cuba es un destino cómodo: hay desabastecimiento real, apagones, internet malo y trámites previos que hay que hacer sí o sí. El que llega sabiendo eso la pasa muy bien; el que llega esperando servicio de hotel all inclusive se decepciona a las cuarenta y ocho horas. Podés ver cómo es la ciudad de verdad en las fotos de Trinidad, y para la primera recorrida está el free tour por Trinidad.


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