Trinidad tiene clima tropical y funciona con dos estaciones, no con cuatro. Está a menos de cinco kilómetros del mar Caribe y con la sierra del Escambray justo detrás, así que combina calor húmedo de costa con noches un poco más frescas que las de La Habana. El año se parte en una temporada seca, de noviembre a abril, y una temporada de lluvias, de mayo a octubre. Esa división manda mucho más que las temperaturas, que en realidad varían poco de un mes a otro.
La temporada seca es la buena y por eso es también la más cara y la más llena. De noviembre a abril las máximas se mueven entre 26 y 29 grados, las mínimas bajan a 17 o 19 de madrugada, la humedad afloja y hay muchos días enteros de sol sin una gota. Es cuando mejor se camina el casco histórico y cuando el mar en Ancón está más tranquilo. Diciembre, enero y febrero son los meses de mayor demanda: las casas particulares del centro se reservan con semanas de anticipación.
La temporada de lluvias no arruina el viaje, pero cambia el ritmo del día. Entre mayo y octubre las máximas trepan a 31 o 33 grados, la humedad se vuelve pesada y llueve casi todos los días, aunque en general en forma de chaparrón fuerte de media tarde que dura una hora y después despeja. Es perfectamente viajable si organizás las caminatas por la mañana y dejás el museo, la siesta o el almuerzo largo para el momento del agua. La vegetación de la sierra, además, está mucho más linda.
La temporada de huracanes va del 1 de junio al 30 de noviembre y hay que tenerla en cuenta. El pico real de actividad se concentra entre agosto y octubre, que son los meses en los que un sistema tropical puede alterar vuelos, cerrar playas o dejar sin luz a la región durante días. No significa que vaya a pasarte, pero si viajás en esa ventana conviene tener un seguro que contemple cancelaciones y no armar itinerarios sin ningún margen. Setiembre y octubre son, además, los meses de menos turistas.
El agua del mar está tibia todo el año y eso iguala las temporadas. En playa Ancón, a unos doce kilómetros, la temperatura del mar se mantiene alta incluso en pleno invierno, así que bañarse en enero es tan agradable como en julio. Lo que cambia es el viento: entre diciembre y febrero pueden entrar frentes fríos del norte que levantan olas y bajan la sensación térmica un par de días seguidos. Son episodios cortos y pasan rápido, pero explican por qué a veces la playa amanece revuelta.
El sol pega fuerte y la ciudad tiene poca sombra. Estás a menos de veintidós grados de latitud, con radiación alta durante todo el año y calles empedradas que reverberan el calor entre las once y las tres de la tarde. Protector solar, gorro y agua no son opcionales, y hay que darles importancia real porque conseguir protector una vez adentro puede ser difícil. La sierra del Escambray, en cambio, está unos ochocientos metros más arriba y ahí se siente varios grados menos, incluso fresco al amanecer.
Con todo esto, la recomendación práctica es simple. Si podés elegir, viajá entre noviembre y abril, y dentro de esa ventana apuntá a los extremos —noviembre o abril— para tener buen tiempo con menos gente. Llevá ropa liviana de algodón, un impermeable finito que ocupe nada, calzado cerrado y cómodo para el empedrado, y algo de manga larga para la montaña y para las noches de frente frío. Los promedios mes por mes los tenés en el clima de Trinidad.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"