En Trinidad se duerme en casa particular, no en hotel, y esa es la mejor noticia del viaje. Para el argentino suele ser la primera vez que se aloja así y por eso conviene explicarlo bien: la casa particular es una vivienda familiar autorizada legalmente a alquilar habitaciones a turistas, con la familia viviendo en la misma casa o en la de al lado. No es un hostel, no es un Airbnb informal y no es dormir en el sillón de alguien: son habitaciones privadas con baño propio, aire acondicionado y llave.
Está todo reglamentado y se nota apenas llegás. Las casas habilitadas llevan un cartel identificatorio en la puerta, tienen licencia y están obligadas a registrar tu pasaporte y a informar tu estadía, así que lo primero que hacen al recibirte es pedirte el documento y anotar tus datos en un libro. Es un trámite de dos minutos y es perfectamente normal. Ese mismo registro es el que te sirve, además, como comprobante de alojamiento si alguna vez te lo piden en un control.
Lo que incluye va bastante más allá de la cama. El desayuno se paga aparte y suele ser enorme; la cena también se pide con anticipación y muchas veces es la mejor comida casera del viaje. Además te lavan la ropa por un cargo, te guardan las valijas, te consiguen el taxi para el próximo destino, te reservan la casa de la ciudad siguiente con un colega de confianza y te explican cómo funciona todo. Esa red informal entre casas particulares es, en la práctica, la mejor agencia de viajes de Cuba.
Por qué suele ser mejor que el hotel estatal, dicho sin vueltas. Los hoteles estatales del centro son pocos, viejos y con un mantenimiento despareja; el personal cobra igual haya o no huéspedes, y eso se siente en la atención. En la casa particular, en cambio, la familia vive del trato que te da, y la diferencia es enorme: te esperan despiertos si llegás de madrugada, te resuelven problemas y te cuentan cosas de la ciudad que ninguna guía te va a contar. Además la plata queda directamente en la familia.
La reserva y el pago funcionan distinto a lo que estás acostumbrado. Muchas casas se reservan por plataformas internacionales, pero la confirmación real casi siempre termina siendo un mensaje directo con la dueña, y el pago es en efectivo al momento de irte, no con tarjeta. Confirmá por escrito la cantidad de noches, si el desayuno está incluido y a qué hora podés llegar. Y no reserves todo el circuito antes de salir: una vez adentro, cada casa te consigue la siguiente y suele salir mejor.
Dónde ubicarse dentro de la ciudad tiene su truco. Dormir en el casco histórico, a pocas cuadras de la Plaza Mayor, es lo más cómodo porque salís y ya estás en todo. La contra es el ruido: si la casa queda pegada a la escalinata o a la Casa de la Música, la música en vivo llega hasta tarde. Un par de cuadras más allá se duerme perfecto y seguís caminando a todos lados. Dormir en playa Ancón es otra opción, pero te desconecta de la vida nocturna del pueblo.
Y las advertencias concretas para elegir bien. Preguntá siempre tres cosas: si la casa tiene planta o batería para los apagones, si el aire acondicionado funciona con el generador y si hay agua caliente estable. Con cortes frecuentes, esas tres respuestas definen tu descanso. Fijate también si la habitación está en planta alta con escalera empinada, algo muy común en las casonas coloniales, y si la puerta da directo al empedrado. Todas las opciones están en hoteles en Trinidad.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"