El Valle de los Ingenios es la excursión que completa la visita a la ciudad. Está a unos doce kilómetros hacia el este, es el valle donde estaban las plantaciones de caña, y forma parte de la misma declaración de la Unesco que el casco histórico. El punto central es Manaca Iznaga, con su torre de vigilancia de más de cuarenta metros y siete niveles que se sube por escaleras de madera, la casa hacienda convertida en restaurante y las ruinas de los antiguos barracones. Hay un tren turístico de vapor que funciona de manera intermitente: confirmá antes de contar con él.
Playa Ancón es la playa de Trinidad y está a un rato en auto. Queda a unos doce kilómetros por la península del mismo nombre, es de arena blanca y agua tranquila, con la sierra del Escambray de fondo, y es de las mejores playas de la costa sur cubana. En el camino se pasa por La Boca, un pueblito de pescadores con playas chicas más frecuentadas por cubanos, y por el puerto de Casilda. La forma más simple de resolver la ida y la vuelta es el traslado a playa Ancón.
Topes de Collantes es el contrapunto de montaña y sorprende a todo el mundo. Es un área protegida en la sierra del Escambray, a unos veinte kilómetros de la ciudad pero cerca de una hora de camino por una ruta empinadísima, ubicada a unos ochocientos metros de altura, con bosque húmedo, aire fresco y cascadas. El sendero más conocido lleva al Salto del Caburní, con una caída de decenas de metros y una pileta natural donde se puede nadar. La bajada es fácil y la vuelta es exigente, así que calculá energía. Se resuelve bien con el tour por Topes de Collantes.
Para una salida más corta está el parque El Cubano, en las estribaciones de la sierra. Es una reserva a pocos kilómetros del pueblo, con senderos entre vegetación, un salto de agua y una poza para bañarse, y se hace en media jornada sin la exigencia física de Topes. La manera más linda de llegar es a caballo, cruzando cañaverales y ríos, que además es la forma en que se mueve buena parte de la gente de la zona. La excursión clásica es la excursión a caballo al parque El Cubano.
Cienfuegos está a unos ochenta kilómetros por la costa y merece su propio día. Es una ciudad completamente distinta a Trinidad: la fundaron colonos franceses a principios del siglo XIX, tiene trazado en cuadrícula, avenidas anchas, arquitectura neoclásica y una bahía enorme. Su centro histórico también es Patrimonio de la Humanidad, y el paseo del Prado hasta el malecón, el Palacio de Valle y el teatro Tomás Terry son las paradas obligadas. Muchos la usan como parada intermedia camino a La Habana en vez de como excursión de ida y vuelta.
Santa Clara está a unos noventa kilómetros al norte y es una parada con peso histórico. Es la ciudad donde Ernesto Che Guevara ganó la batalla que definió la revolución en diciembre de 1958, descarrilando un tren blindado cuyos vagones siguen ahí como monumento. En la plaza de la Revolución están el memorial y el mausoleo donde descansan sus restos, con un museo que repasa su vida. Es además una ciudad universitaria, joven y con vida cultural propia. La salida habitual es la excursión a Santa Clara.
Y La Habana es el otro extremo del circuito, a unos trescientos veinte kilómetros. Son cinco o seis horas de ruta y no es una excursión de un día: es el destino con el que Trinidad se combina siempre, casi nunca al revés. El itinerario más habitual del argentino son tres o cuatro noches en la capital y tres en Trinidad, con Cienfuegos o Santa Clara en el medio como parada de paso. Hacia el este quedan además Sancti Spíritus y Camagüey. Todo el mapa de alrededores está en lugares cerca de Trinidad.
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