Boston se recorre a pie y en orden histórico, no por barrios sueltos. La ciudad ya te armó el itinerario: seguí la línea roja del Freedom Trail y vas a pasar por casi todo lo importante. Si querés una primera pasada ordenada, el free tour por Boston resuelve el primer día, y el tour de la Revolución Americana recorre el sendero con guía y suma paseo en barco.
El Freedom Trail es gratis y es lo mejor de la ciudad. Cuatro kilómetros, dieciséis sitios, una línea de ladrillo en la vereda. Es de lo mejor valorado de toda la ciudad, con muchísima gente que lo comenta y casi nadie que se queje, algo que en Boston no le pasa a ninguna otra atracción del centro. Se camina en dos o tres horas sin entrar a nada, o en un día entero si entrás a todo. Arranca en el Boston Common —el parque público más antiguo de Estados Unidos, de 1634— y termina en Charlestown. La Freedom Trail Foundation vende un tour guiado de noventa minutos con guías vestidos de época que cubre once de los dieciséis sitios: el valor vigente y los horarios de cada temporada están en su sitio oficial, y conviene sacarlo online porque las salidas del fin de semana se llenan. El National Park Service ofrece además tours gratuitos con guardaparques, con horarios que cambian por temporada y que se confirman el mismo día en el centro de visitantes de Faneuil Hall.
Fenway Park es la atracción mejor puntuada de Boston, y por lejos: es la número uno del destino, con una nota altísima sostenida sobre una cantidad enorme de gente que la calificó, algo mucho más difícil de lograr que un buen promedio con pocos visitantes. Es el estadio más antiguo en uso de las Grandes Ligas, de 1912, con el Green Monster —la pared izquierda de once metros— como marca registrada. El tour del estadio dura una hora y funciona todo el año, incluso fuera de temporada: el valor vigente y las salidas del día están en el sitio oficial de los Red Sox, y conviene sacarlo online porque en verano los cupos vuelan. Si viajás entre abril y septiembre, mucho mejor: ver un partido de los Red Sox en ese estadio es una de esas cosas que se cuentan después.
Museos: cuál conviene. El Museum of Fine Arts es el más sólido de todos: es el único museo grande de la ciudad que queda igual de bien valorado en todas las plataformas, sin esa diferencia habitual entre lo que dice el público local y lo que dice el turista. Es de las entradas más caras del centro y cierra los martes, así que fijate el valor vigente y el horario en la web del museo antes de cruzar la ciudad. Y hay un dato que casi nadie usa: el tercer jueves de cada mes, después de las 17, la entrada pasa a ser a la gorra con un aporte mínimo simbólico. El Isabella Stewart Gardner es más chico, más raro y algo más barato: una casa-palacio veneciana con un patio interior, y la historia del mayor robo de arte sin resolver del mundo. En 1990 se llevaron trece obras, entre ellas el único paisaje marino de Rembrandt y un Vermeer; los marcos vacíos siguen colgados en el lugar exacto donde estaban, porque el testamento de Gardner prohíbe mover nada. La recompensa millonaria que ofrece el museo por cualquier dato que las devuelva sigue vigente hasta hoy. Y una curiosidad que para un público argentino no es menor: cualquier persona llamada Isabella entra gratis de por vida, con documento y reserva de veinticuatro horas.
Cambridge no es una excursión, es una parada obligada. Harvard y el MIT están a diez o quince minutos en la Línea Roja y se llega con el mismo boleto de subte de siempre: no hay recargo por cruzar el río ni cambio de tarifa, aunque técnicamente sea otra ciudad. Los dos campus son abiertos y gratuitos, y los dos ofrecen visitas guiadas por estudiantes sin cargo, con inscripción previa. Si preferís algo más armado, la visita guiada por Harvard y la visita guiada por el MIT están entre lo más vendido del destino. En Harvard Yard está la estatua de John Harvard y su leyenda de las tres mentiras: no es John Harvard —posó un estudiante—, no fue el fundador sino el primer donante, y la universidad no se fundó en 1638 sino en 1636.
Lo gratis que vale tanto como lo pago. La Boston Public Library de Copley Square —la primera biblioteca pública municipal de Estados Unidos, de 1852— tiene un patio italiano, la sala Bates y los murales de Sargent, y no cuesta nada. El USS Constitution, el buque de guerra en servicio más antiguo del mundo todavía a flote, también es gratis: necesitás documento con foto, así que llevá el pasaporte, porque es una nave activa de la Armada. El Bunker Hill Monument son 294 escalones sin ascensor, también gratis, y el Granary Burying Ground —donde están Paul Revere, John Hancock y Samuel Adams— está sobre el propio Freedom Trail.
Miradores. Acá hay que aclarar algo que confunde a mucha gente: el viejo Skywalk Observatory del Prudential Center cerró y no existe más, aunque su ficha siga apareciendo en buscadores. Lo que hay hoy es View Boston, en los pisos 50, 51 y 52 de la misma torre, abierto todos los días de 10 a 22, con terraza al aire libre.
Lo que no vale lo que cuesta. Faneuil Hall y Quincy Market son el lugar más comentado de toda la ciudad y, al mismo tiempo, de lo peor calificado a pesar de esa montaña de visitantes: quedan lejísimos del pelotón de arriba. Es la contradicción más clara de Boston: todo el mundo va, poca gente vuelve contenta. Andá a ver el edificio, sacá la foto y comé a cinco minutos, en el North End. Lo mismo con el bar Cheers de Beacon Hill, de lo peor valorado del barrio: el interior no coincide con el set de la serie y casi todos salen con cara de haber pagado de más por una foto. Y el New England Aquarium tiene una de las entradas más caras de la ciudad para una de las notas más flojas entre las atracciones pagas grandes; con chicos, el Museum of Science rinde bastante más por lo mismo que sale.
Si viajás entre la primavera y el otoño, sumá agua: el avistaje de ballenas sale al santuario marino de Stellwagen Bank, y las Boston Harbor Islands se visitan en ferry desde Long Wharf entre mayo y octubre. Mirá también las fotos de Boston y las escapadas de un día.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"