Mérida tiene clima tropical y calor todo el año, sin excepciones. No hay una estación fría: hay una estación seca y una de lluvias, y la diferencia entre el mes más fresco y el más caluroso es de apenas unos grados en la máxima. La ciudad está tierra adentro, a unos treinta kilómetros de la costa, así que no le llega la brisa del mar que sí alivia a Progreso. Eso, sumado a la humedad, es lo que la vuelve pesada.
Abril y mayo son los peores meses y hay que decirlo claro. Son el final de la seca, con máximas que rondan y superan los 38 grados, humedad alta y noches en las que la piedra de las casonas devuelve el calor acumulado. Sin aire acondicionado no se duerme. Si tenés flexibilidad para elegir fecha, evitá esos dos meses; si no la tenés, armá el día con salidas muy temprano, siesta larga y actividad después de las cinco de la tarde.
De junio a octubre es temporada de lluvias y también de huracanes. Las lluvias suelen ser tormentas fuertes y cortas de la tarde, que refrescan y no arruinan el día si estás preparado, pero la temporada de ciclones del Atlántico corre oficialmente de junio a noviembre y el pico real está entre agosto y octubre. Mérida, por estar tierra adentro, sufre mucho menos que la costa, aunque un huracán en la península desordena vuelos, excursiones y accesos a las zonas arqueológicas.
La mejor época para venir va de noviembre a marzo. Es la estación seca, con máximas más amables, mucho sol y noches en las que se puede cenar afuera sin transpirar. Es también cuando llegan los nortes, frentes fríos que bajan desde el golfo y pueden tirar la temperatura varios grados de un día para el otro, con viento y algo de lluvia. Duran dos o tres días y son bienvenidos: son el único respiro real del año.
Marzo tiene un asterisco importante. El clima todavía es bueno y el calor recién empieza a apretar, pero es el mes del equinoccio de primavera, cuando Chichén Itzá se llena de gente para ver la serpiente de luz bajando por la escalinata de la pirámide. Alrededor del 20 y 21 de marzo, y en menor medida del equinoccio de septiembre, la zona arqueológica se satura, los hoteles suben y las excursiones se agotan con semanas de anticipación.
Cómo se combate el calor en la práctica. Ropa de algodón o lino, clara y suelta —la guayabera local existe por algo—, sombrero o gorra, protector solar alto y una botella de agua siempre encima, que se llena en cualquier lado. La regla de oro es la de los meridanos: el mediodía no se camina. Entre las doce y las cuatro se come, se duerme la siesta o se entra a un museo con aire, y se vuelve a la calle cuando el sol baja.
Y el gran aliado climático de Yucatán son los cenotes. Estas cavernas y pozos de agua dulce filtrada por la roca caliza mantienen el agua fresca todo el año, y meterse en uno después de una mañana de ruinas es la mejor decisión que vas a tomar en el viaje. Muchos están a menos de una hora de la ciudad y funcionan como la pileta pública de la península. Las temperaturas mes por mes y los promedios de lluvia los tenés en el clima de Mérida.
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