En Mérida la decisión de zona define el viaje más que la categoría del hotel. Hay básicamente tres opciones: el centro histórico, el eje del Paseo de Montejo con los barrios de Santa Lucía y Santa Ana, y el norte moderno de la ciudad. Para el viajero que viene a hacer turismo, las dos primeras son las únicas que tienen sentido, y la tercera es una trampa cómoda que te deja lejos de todo lo que viniste a ver. El panorama completo está en hoteles en Mérida.
El centro histórico es la opción clásica y la más conveniente. Acá está la mayor concentración de casonas coloniales convertidas en hoteles boutique: fachada angosta y sin gracia, y adentro un patio con plantas, piso de mosaico antiguo, techos altísimos y una pileta chica que salva la tarde. Son alojamientos con pocas habitaciones, atención personal y precios que sorprenden a cualquiera que venga de la Riviera Maya. Estás a pie de la Plaza Grande, de los mercados y de los restaurantes.
Santa Lucía, Santa Ana y el arranque del Paseo de Montejo son la mejor relación entre todo. Son barrios del mismo casco histórico pero un poco más al norte, más tranquilos de noche, con plazas arboladas, la mejor oferta de restaurantes de la ciudad y una caminata de diez o quince minutos hasta la plaza principal. Si viajás en pareja o querés un poco más de calma sin resignar ubicación, es la zona a mirar primero.
El norte de la ciudad es cómodo y es un error para el turista. Es donde están los shoppings, las cadenas internacionales, los hoteles de negocios y los barrios residenciales nuevos. Todo funciona muy bien, es moderno y seguro, pero te deja a veinte o treinta minutos en auto del centro, y en una ciudad con este calor eso significa depender del taxi para cada movimiento. Solo tiene sentido si venís por trabajo, si viajás con auto propio o si buscás hotel con instalaciones grandes para chicos.
Las haciendas henequeneras son la experiencia distinta y valen la pena. Muchas de las viejas casas de hacienda del auge del henequén se restauraron y hoy funcionan como hoteles de campo: casonas enormes, maquinaria antigua conservada, jardines, piletas y a veces un cenote propio en el terreno. Están repartidas por el estado, a media hora o una hora de la ciudad, y son ideales para cerrar el viaje con dos noches de descanso después de haber caminado ruinas.
La costa es la otra alternativa para dormir. Progreso está a media hora de Mérida y tiene hotelería frente al golfo, mucho más modesta y familiar que la caribeña, con agua templada, mansa y de color verdoso, no turquesa. Y en pueblitos de la costa como Sisal o Chelem hay alojamientos chicos de playa tranquila. No reemplaza al centro para conocer la ciudad, pero se combina muy bien como segunda base.
Lo práctico que hay que mirar antes de reservar. El aire acondicionado en la habitación no es un lujo, es un requisito, y el ventilador de techo solo no alcanza de marzo a octubre; confirmalo siempre. La pileta, aunque sea chica, cambia el día. Y ojo con el ruido: muchas casonas dan a calles del centro por donde pasan colectivos ruidosos desde temprano. En cuanto a fechas, se llena y sube en los equinoccios de marzo y septiembre, en Semana Santa, en el fin de semana de Hanal Pixán a principios de noviembre y entre Navidad y Año Nuevo.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"