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Mérida

Yucatán - México

Historia de Mérida

Antes de Mérida hubo una ciudad maya y todavía está debajo. El asentamiento se llamaba T'hó —también citado como Ichcaanzihó— y tenía grandes plataformas y pirámides de piedra caliza cuando llegaron los españoles. Los conquistadores no fundaron sobre un terreno vacío: desarmaron los edificios mayas y usaron sus piedras para levantar la catedral, las casas señoriales y las murallas. Buena parte del centro histórico está literalmente hecho con los bloques de la ciudad anterior.

Mérida se funda el 6 de enero de 1542. La funda Francisco de Montejo "el Mozo", hijo del adelantado del mismo nombre, después de una conquista de Yucatán que había fracasado dos veces y que fue mucho más larga y sangrienta que la del centro de México. El nombre se lo pusieron porque las ruinas mayas que encontraron les recordaron a las ruinas romanas de Mérida, en Extremadura, de donde venían varios de los soldados. La Casa de Montejo, en la Plaza Grande, es de esos primeros años.

Durante la colonia, Yucatán vivió mirando al mar y no a México. Fue Capitanía General con administración propia, y su geografía la dejó aislada: sin ríos navegables, sin caminos decentes hacia el centro del virreinato y con la selva de por medio, se conectaba antes con La Habana, con Nueva Orleans o con Europa que con Ciudad de México. Ese aislamiento explica muchísimo del carácter yucateco, de su cocina con influencia caribeña y libanesa, y de su forma de sentirse una región aparte.

Esa distancia derivó en una separación política real. Tras la independencia de México, las tensiones con el gobierno central llevaron a que Yucatán se declarara república independiente en 1841, con bandera y gobierno propios. La reincorporación definitiva a México llegó recién años después y por necesidad, cuando la región se encontró sola frente a un conflicto interno que no podía sostener. Todavía hoy es común escuchar en la calle que primero se es yucateco y después mexicano.

La Guerra de Castas es el capítulo más duro y el menos conocido afuera. Estalló en 1847: la población maya, sometida a un régimen de trabajo brutal y despojada de sus tierras, se levantó en armas contra los criollos y estuvo cerca de tomar toda la península. La guerra se prolongó durante décadas, con zonas rebeldes que el gobierno no controló hasta principios del siglo XX. Es una historia de una violencia enorme, y está pintada sin edulcorar en los murales del Palacio de Gobierno.

Después vino el henequén y con él una riqueza descomunal. Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la fibra de esta planta —el "oro verde"— se convirtió en la materia prima de las sogas y los cordeles de medio mundo, justo cuando la agricultura mecanizada de Estados Unidos los necesitaba por toneladas. Las haciendas henequeneras hicieron millonarios a un puñado de familias, que levantaron las mansiones del Paseo de Montejo imitando a París. Del otro lado del mostrador, los peones mayas trabajaban en condiciones cercanas a la esclavitud por deudas.

El siglo XX trajo la caída y después la reinvención. La fibra sintética terminó con el negocio del henequén y Yucatán entró en décadas de decadencia económica, con haciendas abandonadas y maquinaria oxidándose en el monte. Lo que salvó a Mérida fue lo que hoy la define: el turismo cultural, el patrimonio colonial intacto y una calidad de vida que atrajo residentes de todo México y del extranjero. Muchas de aquellas haciendas hoy son hoteles. Podés seguir el hilo completo en la historia de Mérida.


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