Puerto Vallarta es el principal destino de playa del Pacífico mexicano y, a diferencia de casi todos sus competidores, es una ciudad de verdad. No nació como un desarrollo hotelero levantado de cero sobre una playa vacía y con un centro comercial en el medio: era un pueblo de pescadores y de gente que bajaba de la sierra, y ese casco viejo de calles empedradas, techos de teja y casas blancas sigue en pie y sigue habitado por vallartenses. Eso cambia por completo la experiencia del viaje, porque se camina, se compra en el mercado y se cena entre vecinos.
Está sobre la bahía de Banderas, en la costa del estado de Jalisco, y esa bahía es una de las más grandes del continente americano. Son cerca de cien kilómetros de costa en forma de herradura, con la Sierra Madre Occidental cayendo verde hasta el agua y decenas de playas chicas encajadas entre los cerros. La mitad norte de la bahía ya pertenece al estado de Nayarit, así que en un mismo viaje se cruzan dos estados casi sin notarlo.
Conviene pensarlo como el contrapunto del Caribe mexicano, porque son dos viajes distintos y no compiten por lo mismo. Acá no hay agua turquesa transparente ni arena blanca de folleto: hay mar abierto del Pacífico, arena dorada y oleaje. A cambio, en verano el agua está tibia de verdad, el paisaje tiene montaña y selva en lugar de llanura de mangle, y el sol se pone sobre el mar, algo que en Cancún o en Tulum no pasa nunca.
El corazón turístico son el Malecón y el casco antiguo, y se recorren caminando sin necesidad de tomar nada. El Malecón es un paseo de poco más de un kilómetro frente al mar, lleno de esculturas de bronce, músicos y puestos, y desde ahí se sube en dos cuadras a la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe con su corona de hierro, que es el símbolo de la ciudad. Todo el detalle está en qué hacer en Puerto Vallarta.
La Zona Romántica, al sur del río Cuale, es el barrio con más vida y el que la mayoría termina eligiendo. Concentra la playa de los Muertos, la mayor densidad de restaurantes y bares de la ciudad y una vida nocturna muy variada. Puerto Vallarta es además uno de los destinos más abiertos y gay friendly de América Latina, con una escena que está ahí desde hace décadas y que forma parte de su identidad con total naturalidad.
Buena parte de lo mejor de la bahía no tiene camino y se llega solo en lancha, y eso le da un aire de aventura poco común. Las playas del sur, Las Ánimas, Quimixto, Majahuitas y Yelapa, se alcanzan en taxi acuático desde el muelle de los Muertos o desde Boca de Tomatlán, y cada una es un pueblito o una caleta metida entre montaña y mar, sin autos, con cascada cerca y con comedores de pescado sobre la arena.
Y hay un dato que ordena el calendario entero: entre diciembre y marzo la bahía se llena de ballenas jorobadas. Vienen desde el norte a parir y criar en aguas cálidas, y el avistaje es de los mejores de México, muchas veces con la ballena a pocos metros del bote. La contracara es la temporada de lluvias y huracanes, de junio a octubre, con septiembre como el mes más complicado del año. Mirá el clima de Puerto Vallarta antes de comprar los pasajes.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"