Sayulita es la escapada más popular hacia el norte y ya es un destino en sí mismo. Está a unos cuarenta kilómetros, cerca de una hora en auto o en ómnibus por la carretera federal, y es el pueblo surfer de la bahía: calles de colores con banderines, tablas por todos lados, olas parejas ideales para aprender y un ambiente joven y desordenado. Los fines de semana se llena de gente de Guadalajara.
San Pancho, a pocos kilómetros de Sayulita, es lo que Sayulita era hace veinte años. Se llama en realidad San Francisco y tiene una calle principal que baja al mar, un puñado de restaurantes buenos, playa de oleaje fuerte y ningún apuro. Va bien como parada tranquila el mismo día que Sayulita, o directamente como alternativa si el bullicio del otro pueblo no es lo tuyo.
Bucerías y Punta Mita son la otra cara del norte de la bahía. Bucerías es un pueblo largo con kilómetros de playa mansa, mercado de artesanías y una colonia grande de canadienses; Punta Mita, en la punta que cierra la bahía, es la zona de los resorts caros, el golf y las salidas de surf a las islas cercanas. Los dos están del lado de Nayarit, con su hora de diferencia.
Hacia el sur, Yelapa es la excursión que más se parece a irse del mapa. Es un pueblo sin acceso por tierra, al que se llega en lancha, con casas trepadas al cerro, una cascada caminando desde el muelle y playa con comedores sobre la arena. La excursión a Majahuitas y Yelapa combina esa playa con otra caleta de agua clarísima ideal para snorkel.
Las playas escondidas del sur también se pueden hacer caminando, y es de lo mejor del destino. Desde Boca de Tomatlán arranca un sendero costero que va saltando de caleta en caleta hasta Colomitos, que es una playita chica encajonada entre roca y selva. El senderismo por las playas escondidas con snorkel en Colomitos mezcla caminata, agua y lancha.
Guadalajara es la escapada urbana y pide quedarse por lo menos una noche. Está a unos trescientos cincuenta kilómetros, cinco horas largas de ruta de montaña o un vuelo corto, y es la segunda ciudad de México: centro histórico enorme, catedral, murales, el barrio de Tlaquepaque con sus artesanías y la cuna del mariachi. Es el complemento cultural perfecto para un viaje de playa.
Y a un rato de Guadalajara está Tequila, que le da nombre a la bebida y al paisaje. Es un pueblo rodeado de campos de agave azul hasta el horizonte, declarados patrimonio de la humanidad, con destilerías históricas que se visitan y explican el proceso de punta a punta. Va bien encadenado con Guadalajara en el mismo viaje. Más ideas en lugares cerca de Puerto Vallarta.
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