El Valle de la Luna es la salida clásica y la que nadie se saltea. Está a pocos kilómetros del pueblo, dentro de la Cordillera de la Sal, y es un paisaje de dunas, cavernas de sal y formaciones erosionadas que efectivamente parecen de otro planeta. Se visita casi siempre al atardecer, porque la luz rasante enciende los colores de la roca. La excursión al Valle de la Luna es la forma más simple de hacerlo si no tenés auto.
Los Géiseres del Tatio son la excursión más dura y la más impresionante. Están a 4.320 metros y hay que salir del pueblo alrededor de las cuatro de la mañana, porque el espectáculo son las fumarolas al amanecer, cuando el aire helado condensa el vapor. Hace muchísimo frío, el cuerpo acusa la altura y la ruta es larga; también es la imagen que la mayoría se lleva de Atacama. La excursión al Tatio con Machuca suma un pueblito altiplánico de vuelta.
El Salar de Atacama y la Laguna Chaxa son la postal de los flamencos. El salar es enorme, la costra de sal cruje al caminarla y en las lagunas de la Reserva Los Flamencos se ven tres especies distintas alimentándose. Es una salida de dificultad baja, buena para el primer día, y suele combinarse con el pueblo de Toconao.
Las Lagunas Altiplánicas y Piedras Rojas son el paseo de colores más fuerte. Miscanti y Miñiques son dos lagunas de un azul imposible a más de 4.000 metros, rodeadas de volcanes; Piedras Rojas agrega una orilla de roca oxidada contra agua turquesa. Es una jornada larga y de mucha altura. Se hace en la excursión a Piedras Rojas y el Salar de Atacama.
Las lagunas donde uno flota son la actividad más divertida. En Cejar y en los Ojos del Salar la concentración de sal es tan alta que el cuerpo flota solo, como en el Mar Muerto. Es una experiencia rara y muy fotogénica; el agua es fría y conviene enjuagarse después porque la sal deja costra. La excursión a la Laguna Cejar resuelve el traslado.
Los tours de estrellas son la actividad nocturna que justifica quedarse una noche más. Se sale del pueblo hasta un punto sin luces, se observa a ojo desnudo con láser mientras el guía explica el cielo austral y después se mira por telescopio. La observación de estrellas en el desierto de Atacama depende de la luna: con luna llena se ve mucho menos, y eso conviene tenerlo en cuenta al armar las fechas.
Y quedan las visitas cortas dentro y alrededor del pueblo. El Pukará de Quitor, fortaleza atacameña sobre el río, y la Aldea de Tulor, una aldea circular de barro de más de dos mil años, se hacen en media mañana y le dan contexto histórico a todo lo demás. Las Termas de Puritama, en una quebrada de agua caliente, son el plan de descanso perfecto para el día después del Tatio. Podés ver todo el conjunto en fotos de San Pedro de Atacama.
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