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Las Vegas

Nevada - Estados Unidos

Clima en Las Vegas

Las Vegas está en el desierto de Mojave y su clima es árido de manual. Llueve poco más de cien milímetros al año repartidos en muy pocos días, el sol pega más de trescientos días y la humedad es baja casi siempre. Eso tiene un lado bueno —las probabilidades de que un día se te arruine por lluvia son mínimas— y uno malo: la sequedad te deshidrata sin que lo notes, porque el sudor se evapora antes de que te des cuenta de que estás transpirando. El valle está a unos seiscientos metros sobre el nivel del mar, rodeado de montañas peladas.

El verano es el problema real, y no es una exageración de folleto. Entre junio y agosto las máximas superan los cuarenta grados casi todos los días, y en los últimos veranos se midieron picos por encima de los cuarenta y siete. A eso sumale el asfalto y el hormigón, que devuelven calor hasta entrada la noche: a las diez de la noche puede haber treinta y cinco grados. Caminar el Strip al mediodía en julio no es incómodo, es directamente inviable, y todos los años hay turistas con golpe de calor.

Si viajás en verano, el día se organiza al revés. Salís temprano, entre las siete y las diez; volvés al hotel al mediodía a la pileta o al aire acondicionado; y recién salís de nuevo después de las seis de la tarde, cuando la ciudad se pone linda igual porque todo es de noche. Llevá botella de agua siempre, gorra y protector solar, y no confíes en que "es seco así que se aguanta": el calor seco engaña y te tumba sin avisar. Las piletas de los hoteles, en verano, dejan de ser un lujo y pasan a ser infraestructura básica.

El invierno es fresco, seco y muy soleado. De diciembre a febrero las máximas rondan los catorce o dieciséis grados y las noches se acercan a cero, con algunas heladas. Nieva muy de vez en cuando y casi nunca cuaja en el valle, aunque sí se ve blanco en las montañas del oeste. Es una época perfecta para caminar todo el día, pero necesitás abrigo de verdad para la noche: la amplitud térmica entre las tres de la tarde y las diez de la noche puede ser de quince grados.

La primavera y el otoño son la mejor época, sin discusión. Marzo, abril y mayo, y después octubre y la primera mitad de noviembre, dan días de veinte a treinta grados, noches templadas y sol permanente: se camina el Strip cómodo, se sale al desierto sin sufrir y las excursiones al Gran Cañón son más agradables. La contra es que son los meses de más congresos y eventos, así que la ciudad está más llena y el alojamiento se pone más difícil de conseguir. Mirá el clima de Las Vegas mes por mes antes de cerrar fechas.

Hay dos fenómenos que sorprenden a todo el mundo: el viento y el monzón. En primavera se levantan vientos fuertes que arrastran polvo y bajan la visibilidad, y hay días en que suspenden los vuelos en helicóptero al cañón. Entre julio y septiembre llega el monzón del suroeste: tormentas cortas y violentas que descargan mucha agua en poco tiempo sobre un suelo que no absorbe nada, y provocan crecidas repentinas en cauces secos. Nunca te metas a caminar por un cañón angosto si hay tormenta anunciada, aunque en tu lugar esté soleado.

Y tené en cuenta que el clima cambia apenas te alejás de la ciudad. El South Rim del Gran Cañón está a unos dos mil cien metros de altura: en pleno enero puede haber nieve y hielo en los miradores mientras en Las Vegas hace quince grados. El Valle de la Muerte, al revés, es uno de los lugares más calurosos del planeta y en verano directamente no se visita. Por eso mucha gente arma el viaje al desierto en primavera u otoño, cuando las tres cosas —la ciudad, el cañón y los parques— funcionan bien al mismo tiempo.


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