El buffet es el mito fundacional de Las Vegas y hoy es otra cosa. La ciudad se hizo famosa por sus buffets baratos e infinitos, pensados para que te quedaras jugando; eso prácticamente desapareció. Los que quedan en los hoteles grandes, como el del Caesars Palace o el del Wynn, son enormes y muy buenos, pero están entre las comidas más caras que vas a hacer en la ciudad y tienen filas largas. Si vas a hacer uno solo, hacelo un día de semana y andá temprano al brunch: comés mejor y esperás bastante menos.
Acá comen los cocineros más famosos del mundo, y eso es una atracción en sí. Prácticamente todos los grandes nombres de la alta cocina internacional tienen restaurante en algún hotel del Strip, desde cocina francesa clásica hasta japonesa contemporánea y parrillas de autor. Son experiencias caras y con reserva obligatoria, muchas veces con semanas de anticipación para los horarios buenos. Si querés probar uno sin desarmar el presupuesto, el truco es ir al mediodía: el mismo restaurante con el mismo chef ofrece menús de almuerzo mucho más accesibles.
Comer barato en el Strip se puede, pero hay que saber dónde. Los patios de comidas dentro de los hoteles y los shoppings tienen cadenas conocidas a precios normales, las cafeterías de veinticuatro horas de los casinos siguen sirviendo desayunos abundantes de madrugada, y las hamburgueserías californianas que hay en la ciudad son una religión local con cola en la puerta. En el downtown la diferencia es notoria: la misma comida cuesta bastante menos a cinco kilómetros del Bellagio.
Donde de verdad se come bien es en el barrio chino, y casi ningún turista va. Está sobre Spring Mountain Road, a diez minutos en auto del Strip hacia el oeste, y no es un barrio pintoresco sino una sucesión de centros comerciales bajos con restaurantes chinos, coreanos, japoneses, tailandeses y vietnamitas que atienden a los que trabajan en los casinos. Se come mejor, más auténtico y por mucho menos plata. Hace falta auto o aplicación de viajes, pero es el mejor consejo gastronómico de la ciudad. Más opciones en restaurantes en Las Vegas.
Los horarios son distintos a los nuestros y conviene adaptarse. Se almuerza entre las doce y las dos, y se cena temprano: a las siete de la tarde los restaurantes están llenos y a las diez muchos ya cerraron la cocina. La excepción son las cafeterías de los casinos, que no cierran nunca, y algunos lugares del Strip pensados para la madrugada. Si venís con el reloj argentino y aparecés a cenar a las diez y media, vas a terminar comiendo en un patio de comidas.
La reserva es casi obligatoria y se hace por internet. Para cualquier restaurante con nombre en el Strip, presentarse sin reserva un viernes o un sábado es perder una hora en la barra esperando. Las aplicaciones de reservas funcionan bien y muchas veces liberan mesas de último momento si mirás el mismo día. Un detalle argentino: acá no te van a traer la cuenta hasta que la pidas, y dejar la mesa sin propina cuando te atendió un mesero se considera directamente un desplante.
Sobre la bebida hay dos cosas que sorprenden. La primera es que mientras jugás en las mesas o en las máquinas, el casino te sirve tragos sin cobrar —esa es la lógica del negocio—, pero se espera que le dejes propina al que te lo trae en cada ronda. La segunda es que en el Strip se puede caminar por la calle con un vaso de alcohol en la mano, algo prohibido en casi todo Estados Unidos, aunque el vaso tiene que ser de plástico y no vale el envase de vidrio. En cuanto a carne, las parrillas de acá son buenas pero el corte y el punto son otros: pedila más cocida de lo que pedirías en Buenos Aires si no querés sorpresas.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"