Desde Buenos Aires no hay vuelo directo y no lo va a haber. Siempre se llega con al menos una escala, y las combinaciones habituales pasan por Miami, Dallas, Houston, Atlanta, Panamá, Lima o Santiago de Chile. Contando el tramo largo, la espera y el vuelo interno, la puerta a puerta rara vez baja de dieciocho horas y muchas veces se va a más de veinticuatro. Por eso conviene pensarla como parte de un circuito y no como destino suelto: si ya vas a Los Ángeles, San Francisco o Nueva York, sumar Las Vegas cuesta poco tiempo extra.
El aeropuerto está pegado al Strip, y eso es raro y cómodo a la vez. El Harry Reid International, que hasta 2021 se llamaba McCarran, queda a unos cinco kilómetros del centro del Strip: desde el avión ya ves los hoteles, y el viaje al hotel es de diez o quince minutos sin tráfico. Tiene dos terminales en uso, la 1 y la 3, unidas por un bus gratuito, y máquinas tragamonedas en la propia sala de embarque, que es lo primero que te avisa en qué ciudad estás.
Del aeropuerto al hotel hay cuatro maneras y conviene decidirla antes. El taxi es rápido pero te pueden dar una vuelta larga por el túnel si no avisás; las aplicaciones de viajes compartidos tienen zona propia en el estacionamiento, subiendo un piso, y a veces caminás más de lo que viajás; los shuttles compartidos paran en varios hoteles y estiran el trayecto; y el traslado privado te espera con cartel, que con equipaje y chicos es otra cosa. Podés reservar el traslado desde el aeropuerto de Las Vegas con anticipación y en español.
Por tierra desde Los Ángeles son unos cuatrocientos treinta y cinco kilómetros por la Interestatal 15. En auto son cuatro horas largas si el tránsito acompaña, pero el domingo a la tarde toda California vuelve a su casa por esa misma ruta y el viaje se puede estirar dos horas más: salí temprano o salí de noche. También hay micros de larga distancia que hacen ese tramo varias veces por día. Tren de pasajeros no hay, aunque se anunció hace años un servicio rápido que todavía no está funcionando.
El auto alquilado sirve para los parques y es un estorbo en el Strip. Si vas a salir al Gran Cañón, al Valle de Fuego o a Zion por tu cuenta, es la única forma razonable de moverte. Pero mientras estés en la ciudad, casi todos los hoteles grandes cobran el estacionamiento por día, entrar y salir de las cocheras lleva su tiempo y el bulevar se traba de noche. Muchos alquilan el auto recién el día que salen al desierto y lo devuelven al volver. Con la licencia argentina alcanza, aunque conviene llevar también la internacional.
Dentro de la ciudad se combina caminata, monorriel y micro. El monorriel corre por detrás de los hoteles del lado este del Strip, es rápido pero no llega al aeropuerto ni al downtown. El micro que recorre el bulevar funciona las veinticuatro horas y sí une el Strip con Fremont Street, aunque es lento. Y entre hotel y hotel hay pasarelas peatonales elevadas que te obligan a subir y bajar escaleras: cruzar el bulevar por la calle está prohibido en casi todo el tramo. Más detalles en cómo llegar a Las Vegas.
Y antes de comprar cualquier pasaje, acordate del trámite. Sin la visa B1/B2 aprobada no se sube nadie al avión, y el turno de entrevista puede demorar meses, así que el orden correcto es sacar el turno primero y comprar los vuelos después. Si el plan incluye el Gran Cañón, tené en cuenta que la mayoría de las excursiones salen del Strip muy temprano, entre las seis y las siete de la mañana, y que el día de llegada nunca conviene usarlo para eso: el desfasaje horario con Argentina es de cuatro o cinco horas y se siente.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"