La recomendación es simple y casi no tiene excepciones: dormí en el centro histórico. El casco antiguo es chico, plano en su mayor parte y concentra las iglesias, los museos, los mercados, los restaurantes y el punto de salida de todas las excursiones. Alojarse ahí significa volver caminando después de cenar y no depender de taxis, que es lo que termina definiendo si el viaje se siente cómodo o cansador.
La zona de Santo Domingo y el andador Macedonio Alcalá es la más linda y también la más cara. Son las cuadras peatonales de casonas restauradas, galerías, librerías y cafés, con la iglesia iluminada al fondo. Tiene una contra concreta: es la zona donde pasan las calendas, las bandas y los cohetes, así que si dormís liviano pedí habitación al patio interno y no a la calle, sobre todo en temporada de fiestas.
Jalatlaco es el barrio de moda y para mucha gente es la mejor decisión. Está a diez minutos a pie del centro, del otro lado de la avenida, y es un damero de calles empedradas con casas bajas pintadas de colores, murales grandes, cafés de especialidad y hoteles chicos. Es más tranquilo de noche, más barato que el corazón turístico y tiene vida de barrio real, con vecinos y almacenes.
Xochimilco, arriba de Santo Domingo, es el barrio antiguo de los tejedores y el más silencioso. Conserva los arcos del acueducto colonial y unos callejones angostos preciosos, pero hay que decir la verdad: está en subida, y volver caminando con las bolsas del mercado a la tarde es un ejercicio. Vale mucho la pena para quien busca calma y no le molesta la cuesta o el taxi ocasional.
Hacia el norte, la zona de Reforma y las colonias residenciales son la alternativa práctica. Ahí están los hoteles más grandes y modernos, con estacionamiento propio y pileta, algo que en el centro es rarísimo. Es la mejor opción si venís en auto o viajás con chicos, aunque perdés la posibilidad de salir a caminar sin plan, que en esta ciudad es la mitad de la gracia.
La oferta se reparte en cuatro tipos bien distintos y elegir bien importa. Están las casonas coloniales convertidas en hoteles boutique de pocas habitaciones alrededor de un patio; un antiguo convento del siglo XVI reconvertido en hotel de lujo; los hostels con terraza que son el punto de encuentro de los mochileros; y los departamentos de alquiler temporario, que rinden mucho si te quedás una semana o más. Todo en hoteles en Oaxaca.
Y la advertencia más importante de esta sección: hay dos momentos del año en que hay que reservar con muchísima anticipación. Para la Guelaguetza, en julio, y para el Día de Muertos, a fines de octubre, la ciudad se llena por completo y los alojamientos del centro se agotan con meses de anticipación, además de subir de precio de manera brutal. Si viajás en esas fechas, reservá apenas tengas los pasajes, sin esperar nada.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"