Todo arranca en el Zócalo, oficialmente Plaza de la Constitución, una explanada enorme y sin árboles que es de las plazas más grandes del mundo y que funciona como living de la ciudad: ahí se hacen los conciertos, las marchas, el altar de muertos y la pista de patinaje de diciembre. Sobre el lado norte está la Catedral Metropolitana, la más grande de América Latina, que tardó más de dos siglos en levantarse y que se hunde en el suelo lacustre de manera pareja gracias a un trabajo de nivelación que se hizo en los años noventa.
Al costado de la Catedral está el Templo Mayor, y es la visita que más cambia la cabeza. Son las ruinas del templo principal de Tenochtitlan, encontradas por casualidad en 1978 cuando unos operarios de la compañía de luz dieron con un monolito enterrado. Se camina por pasarelas sobre las etapas superpuestas de la pirámide y se termina en un museo con las piezas rescatadas. Enfrente está el Palacio Nacional, con los murales de Diego Rivera sobre la escalera principal: el acceso del público cambió en los últimos años, así que conviene confirmar cómo está el día que vas.
Caminando hacia el oeste aparece el otro polo del centro. El Palacio de Bellas Artes, de mármol blanco y cúpulas de colores, guarda en sus pisos altos murales de Rivera, Orozco, Siqueiros y Tamayo, y es la sede del Ballet Folklórico. Enfrente, la Torre Latinoamericana tiene un mirador en los últimos pisos con la mejor vista posible del tamaño real de esta ciudad, y una historia propia: aguantó los terremotos de 1957 y de 1985 sin daños estructurales.
El Museo Nacional de Antropología merece medio día entero y no es exageración. Está en Chapultepec, se inauguró en 1964 y tiene una veintena de salas alrededor de un patio con un paraguas de hormigón del que cae una cortina de agua. Adentro está la Piedra del Sol, la cabeza colosal olmeca, la reproducción de la tumba de Pakal y las salas maya, mexica, teotihuacana y oaxaqueña. Si tenés que elegir un solo museo en México, es este. Ojo con el detalle que arruina planes: cierra los lunes.
El Bosque de Chapultepec es el parque urbano grande de la ciudad y da para un día completo sin salir de él. Arriba del cerro está el Castillo de Chapultepec, único palacio real de América que fue residencia de un emperador, hoy Museo Nacional de Historia, con vistas por el Paseo de la Reforma. En la misma zona están el Museo de Arte Moderno, el Museo Rufino Tamayo y el zoológico, que es de entrada libre. Pegado, en Polanco, el Museo Soumaya aporta su edificio plateado imposible de confundir.
Coyoacán es la otra ciudad adentro de la ciudad. Calles empedradas, casonas bajas, el Jardín Centenario con sus coyotes de bronce, el mercado con las tostadas y los churros de siempre. Ahí está la Casa Azul, donde nació y murió Frida Kahlo, que es la visita más demandada de México y que se agota con días de anticipación: se compra online y con horario asignado, sí o sí. A pocas cuadras, en San Ángel, está la casa estudio que compartió con Diego Rivera. Las dos se resuelven juntas con la entrada a los museos de Frida Kahlo y Diego Rivera.
Y queda Xochimilco, que es lo último que sobrevive del lago original. Son canales entre chinampas, las islas de cultivo prehispánicas, que se recorren en trajineras, unas barcazas de colores que se alquilan por hora y por embarcación, no por persona: acordá el precio antes de subir y mirá la tarifa oficial publicada en el embarcadero. Los sábados es una fiesta flotante con mariachis; los días de semana es un paseo tranquilo. Coyoacán y Xochimilco se combinan bien en el tour por Coyoacán, Xochimilco y la Casa Azul, y podés ir mirando fotos de Ciudad de México.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"