Una de las mejores cosas de esta ciudad es lo que tiene a menos de tres horas. Pirámides prehispánicas, pueblos coloniales de plata, ciudades barrocas con cocina propia y montañas con lagos: todo eso se hace en el día desde acá, sin cambiar de hotel. Es lo que termina de justificar quedarse varios días en vez de usar la capital como escala. Los tiempos de cada tramo están en cómo llegar a Ciudad de México.
Teotihuacán es la excursión obligada y está a unos cincuenta kilómetros, cerca de una hora. Es una ciudad prehispánica anterior a los mexicas, abandonada siglos antes de que ellos llegaran, con la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna y la Calzada de los Muertos alineadas de una manera que todavía se discute. Un dato para no llevarse una decepción: el ascenso a las pirámides estuvo restringido en distintos momentos, así que conviene confirmar cómo está el día que vas. Andá temprano, con gorro y agua, porque no hay sombra. Se resuelve con la excursión a las pirámides de Teotihuacán.
Hay dos maneras de subirle el nivel a ese mismo día. Una es combinarlo con la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, donde conviven ruinas mexicas, una iglesia colonial y edificios modernos, y con la Basílica de Guadalupe, que es el santuario católico más visitado del continente y queda de camino: ahí se ve la tilma con la imagen y la basílica vieja hundida al lado de la nueva. Todo junto está en el tour por Tlatelolco, la Basílica de Guadalupe y Teotihuacán.
La otra manera es verlo desde arriba al amanecer. Los vuelos en globo aerostático sobre Teotihuacán salen de madrugada, cuando el aire está quieto, y te dejan el conjunto entero a la vista con el sol saliendo detrás de los volcanes. Es de esas cosas que suenan a folleto y después resultan mejores de lo prometido. Hay que salir de la ciudad muy temprano y abrigarse, porque a esa hora hace frío de verdad, y depende del clima. Está el paseo en globo por Teotihuacán.
Puebla y Cholula son la escapada de día completo más redonda. Puebla está a unos ciento treinta kilómetros hacia el este, poco más de dos horas por autopista, y es una ciudad colonial declarada Patrimonio de la Humanidad, con fachadas de azulejo de talavera, la Capilla del Rosario —una explosión de oro barroco— y una cocina propia que le dio a México el mole poblano y los chiles en nogada. A pocos kilómetros está Cholula, con la pirámide de base más ancha del mundo, hoy un cerro con una iglesia arriba y el volcán Popocatépetl de fondo.
Taxco y Tepoztlán son los dos pueblos con más personalidad de la zona. Taxco queda a unos ciento setenta kilómetros al sur, cerca de tres horas, y es un pueblo minero de plata colgado de un cerro, todo blanco, con calles empinadas de adoquín, taxis Volkswagen escarabajo y la iglesia de Santa Prisca dominando la plaza. Tepoztlán está mucho más cerca, poco más de una hora, y es un pueblo entre paredones de roca con un mercado de fin de semana excelente y una pirámide, el Tepozteco, a la que se llega después de una subida exigente de una hora larga.
Y queda Valle de Bravo para el que busca naturaleza. Está a unos ciento cincuenta kilómetros al oeste, entre dos y tres horas según el tránsito, y es un pueblo de tejas rojas a orillas de un lago artificial, con veleros, deportes de agua y una de las mejores zonas de parapente de América Latina. En invierno se suma la razón más fuerte para ir hasta ahí: los santuarios de la mariposa monarca, que se pueden visitar aproximadamente entre noviembre y marzo, cuando millones de mariposas llegan desde Canadá a hibernar en los bosques de oyamel. Más ideas en lugares cerca de Ciudad de México.
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