El Día de Muertos es la fecha que más viajeros mueve y la que más cambia la ciudad. Se celebra el 1 y el 2 de noviembre, pero el clima arranca varios días antes: aparecen las ofrendas en casas, oficinas y plazas, el Zócalo se llena de un altar monumental, y todo se cubre de flor de cempasúchil naranja y de calaveras de azúcar. No es una fiesta lúgubre ni una versión mexicana de Halloween: es una celebración cálida, familiar y muy visual. El calendario completo está en eventos en Ciudad de México.
Dentro de esa fecha hay un desfile enorme y varios rincones más auténticos. El desfile del Paseo de la Reforma es relativamente nuevo —nació después de que una película lo inventara para el cine— y es un espectáculo masivo de carros alegóricos y catrinas que convoca a cientos de miles de personas. Si buscás la versión tradicional, hay que ir a los panteones de Mixquic, al sur de la ciudad, donde las familias velan las tumbas toda la noche, o a los canales de Xochimilco. Reservá alojamiento con meses de anticipación: es el pico del año.
La otra fecha multitudinaria es el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. Millones de peregrinos llegan caminando, en bicicleta o de rodillas hasta la Basílica del Tepeyac desde todo el país, muchos durmiendo en el atrio la noche anterior, con danzas de concheros y misas encadenadas. Es una de las peregrinaciones religiosas más grandes del mundo y una experiencia impresionante incluso para quien no es creyente. Si te toca en la ciudad, contá con que esa zona del norte va a estar intransitable en auto.
Las fiestas patrias son la noche del 15 de septiembre. El presidente sale al balcón del Palacio Nacional a dar el Grito de Independencia ante un Zócalo repleto, y después hay fuegos artificiales. El 16 a la mañana pasa el desfile militar por Reforma. Es un fin de semana largo en el que el país entero se mueve, la ciudad se llena de banderas y los restaurantes sacan el menú de temporada con chiles en nogada. Si vas al Zócalo esa noche, andá temprano, liviano y sabiendo que salir después va a llevar su tiempo.
Hay un calendario deportivo y musical que puede definirte las fechas. A fines de octubre se corre el Gran Premio de México de Fórmula 1 en el Autódromo Hermanos Rodríguez, que es de los más festivos del campeonato y llena hoteles y vuelos. En marzo está el festival Vive Latino y en noviembre el Corona Capital, dos de los festivales de rock y pop más grandes de América Latina. Y el fútbol del Estadio Azteca, que albergó dos finales de Copa del Mundo, es un plan en sí mismo cuando hay clásico.
El resto del año tiene sus propias marcas. En Semana Santa, la representación de la Pasión en Iztapalapa convoca a más de un millón de personas y está reconocida como patrimonio cultural. El 6 de enero se parte la rosca de Reyes en todos lados. En marzo y abril el Festival del Centro Histórico llena de conciertos y teatro los edificios antiguos. Y un dato que sorprende al argentino: el 5 de mayo, que afuera se asocia a México, acá es una fecha menor, la batalla se conmemora sobre todo en Puebla.
Y está el plan de noche más divertido y más barato de la ciudad: la lucha libre. La Arena México es la catedral del asunto y tiene funciones varios días por semana, con el viernes como la gran noche del calendario. Es teatro deportivo puro: máscaras, técnicos contra rudos, público insultando con creatividad y familias enteras en la tribuna. Está en la colonia Doctores, así que llegá y volvé en taxi de aplicación, no caminando. Se resuelve con la entrada a la lucha libre en la Arena México.
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