Asunción se fundó el 15 de agosto de 1537 y es una de las ciudades más antiguas de América del Sur. Juan de Salazar y Espinosa levantó un fuerte sobre la barranca del río Paraguay y lo llamó Nuestra Señora de la Asunción, por la festividad del día. El lugar se eligió por razones prácticas: había puerto natural, tierra fértil y una relación relativamente pacífica con los guaraníes de la zona, algo que en el resto del continente no era la norma. Ese mestizaje temprano entre españoles y guaraníes explica por qué el idioma originario sobrevivió como lengua de todos y no como lengua de minoría.
Durante casi un siglo fue la capital real de todo el Río de la Plata, y de ahí le viene el apodo. A Asunción se la llama Madre de Ciudades porque desde acá salieron las expediciones que fundaron o refundaron buena parte de las ciudades de la región: Santa Fe, Corrientes, Santa Cruz de la Sierra y la segunda fundación de Buenos Aires, en 1580, encabezada por Juan de Garay con gente y recursos salidos de Asunción. Para el visitante argentino ese dato reordena el mapa mental: Buenos Aires es, en buena medida, hija de esta ciudad.
La independencia llegó temprano y sin batalla, lo que es bastante excepcional. En la noche del 14 al 15 de mayo de 1811, un grupo de militares y civiles depuso al gobernador español sin derramamiento de sangre, y Paraguay se convirtió en uno de los primeros países independientes de la región. La casona donde se conspiró sigue en pie y se visita. Poco después tomó el poder José Gaspar Rodríguez de Francia, el Doctor Francia, que gobernó como dictador supremo hasta 1840 con una política de aislamiento casi total del país.
Con Carlos Antonio López, a mediados del siglo XIX, llegó la etapa de esplendor. Entre 1844 y 1862 se abrió el país al comercio, se contrataron técnicos e ingenieros europeos y se construyó buena parte de lo que hoy es el centro histórico: el Palacio de los López, la estación del ferrocarril, el Cabildo, el Panteón. Paraguay tuvo uno de los primeros ferrocarriles de Sudamérica y una fundición propia. La Asunción monumental que se recorre hoy es, casi toda, hija de esas dos décadas de ambición.
Después vino la catástrofe, y no hay forma de contar el país sin ella. La Guerra de la Triple Alianza, entre 1864 y 1870, enfrentó a Paraguay con Argentina, Brasil y Uruguay, y terminó con el país devastado: una parte enorme de la población murió, sobre todo varones, el territorio se recortó y Asunción fue ocupada y saqueada. Francisco Solano López murió en Cerro Corá en marzo de 1870. Es una herida que sigue viva en la memoria paraguaya, y conviene tenerlo presente cuando el tema aparece en una charla: para un argentino es un capítulo de manual, para un paraguayo es una historia familiar.
El siglo XX trajo otra guerra y una dictadura muy larga. La Guerra del Chaco contra Bolivia, entre 1932 y 1935, se ganó pero costó decenas de miles de vidas. Después vinieron décadas de inestabilidad y, desde 1954, el régimen de Alfredo Stroessner, que gobernó treinta y cinco años y recién cayó por un golpe en febrero de 1989. En ese período se construyó Itaipú y la economía creció, pero al costo de una represión sistemática cuya documentación se conserva en el Archivo del Terror, hallado en 1992 y hoy inscripto en el registro Memoria del Mundo de la Unesco.
Todo eso se ve caminando, si sabés qué estás mirando. El casco histórico es un catálogo de esas etapas: la casona colonial de la independencia, los edificios grandiosos de los López, las placas de la guerra, los monumentos del siglo XX y el deterioro reciente de una zona que perdió población cuando la ciudad se corrió hacia el este. Por eso una visita guiada rinde tanto acá: sin relato, muchos edificios parecen solo viejos. El desarrollo completo está en la historia de Asunción.
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