Antes de que existiera la ciudad, todo esto era selva y río, y tenía dueños. El Alto Paraná fue territorio guaraní, y el río era el camino: por ahí se movían las canoas mucho antes de que llegara nadie de Europa. Los saltos y los rápidos del Paraná, hoy tapados por el embalse, marcaban el límite navegable y por eso la zona quedó durante siglos como una frontera difusa entre dominios coloniales, sin ciudades. Más al sur, en la zona de Encarnación, los jesuitas levantaron sus misiones; acá arriba, en cambio, lo que hubo fueron yerbales, obrajes de madera y muy poca gente durante muchísimo tiempo.
El siglo XIX dejó al país destruido y a esta región casi vacía. La Guerra de la Triple Alianza, entre 1864 y 1870, terminó con Paraguay arrasado, con una pérdida de población catastrófica y con el Estado obligado a vender enormes extensiones de tierra para pagar deudas. Buena parte del Alto Paraná quedó en manos de grandes empresas privadas que explotaban la yerba mate y la madera con mano de obra sometida a condiciones durísimas. La región funcionaba como enclave: producía para afuera, no tenía ciudades propias y estaba mucho más conectada con Brasil y con Argentina que con Asunción.
La ciudad nació en 1957, por decisión política y con otro nombre. Se fundó el 3 de febrero de ese año como Puerto Presidente Stroessner, dentro de un plan del gobierno de entonces conocido como la marcha hacia el este: llevar población y economía hacia la frontera con Brasil y darle a Paraguay una salida al Atlántico que no dependiera del río y de los puertos argentinos. Para eso se construyó la carretera que une Asunción con el este del país, y se acordó con Brasil el acceso al puerto de Paranaguá. La ciudad es, literalmente, hija de una ruta y de una política de Estado.
El Puente de la Amistad, en 1965, encendió el motor. Cuando se inauguró el cruce sobre el Paraná, la aldea de pocos años se convirtió de golpe en la puerta terrestre entre los dos países más grandes de la región. El comercio de frontera creció rápido, alentado por una política impositiva paraguaya mucho más liviana: entraban productos importados que se revendían del otro lado, y empezaron a llegar comerciantes de todas partes, incluidos los primeros contingentes de familias libanesas y de origen asiático que todavía hoy manejan buena parte del negocio. En pocos años la población se multiplicó varias veces.
Después vino Itaipú, y con la represa la ciudad cambió de escala. El tratado entre Paraguay y Brasil se firmó en 1973 y la obra se levantó a lo largo de los años setenta, con decenas de miles de trabajadores viviendo en la zona y un flujo de dinero sin precedentes. El embalse inundó una superficie enorme aguas arriba y se llevó para siempre los Saltos del Guairá, un conjunto de cascadas que, según todos los relatos de la época, era más caudaloso que el Iguazú. La central empezó a generar en la década siguiente y durante muchos años fue la mayor del mundo. Ciudad del Este pasó de pueblo a metrópolis en una generación.
1989 marcó el otro gran quiebre: cayó Stroessner y la ciudad cambió de nombre. Con el fin de la dictadura, Puerto Presidente Stroessner pasó a llamarse Ciudad del Este. Los años noventa fueron los del auge total del comercio de reexportación, cuando la ciudad llegó a ser una de las plazas comerciales más grandes del continente y las galerías crecían hacia arriba sin freno. También fueron los años de la peor fama: informalidad, contrabando, falsificación y controles débiles. Después llegaron las crisis regionales, los cambios de reglas aduaneras en Brasil y en Argentina, y el negocio tuvo que reacomodarse.
El siglo XXI la encontró reinventándose, con un golpe fuerte en el medio. Aparecieron shoppings formales, cadenas grandes con factura y garantía, hoteles nuevos y una oferta más profesional, mientras el turismo de naturaleza sumaba peso con Itaipú, los Saltos del Monday y las cataratas. El cierre de fronteras de 2020 y 2021 fue devastador para una economía que vive del cruce diario, y la recuperación posterior mostró hasta qué punto las tres ciudades dependen unas de otras. Hoy la ciudad es eso: una plaza comercial en transición que empieza a mirarse también como destino turístico. El relato completo está en la historia de Ciudad del Este.
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