La laguna 69 y las lagunas de Llanganuco son el paseo número uno y comparten camino. Se entra al parque por el mismo valle, entre el Huascarán y el Huandoy, y según la excursión que tomes se queda en la orilla de Chinancocha o se sigue hasta el sendero que sube a la 69. Están a unas tres horas de Huaraz por ruta y siempre implican salida de madrugada.
La laguna Parón queda pasando Caraz y es la más grande de la Cordillera Blanca. El camino final es de montaña, angosto y de curvas cerradas, así que el vehículo y el chofer importan tanto como el paisaje. Arriba, a más de 4.100 metros, el mirador se alcanza en una hora de caminata y la vista del Artesonraju es de las mejores del país.
El glaciar Pastoruri es la salida para el que no camina o todavía no aclimató. Se llega casi hasta el pie del hielo en vehículo y el tramo final a pie es corto, aunque a más de 5.000 metros. En el camino se ven las puyas de Raimondi, esa planta gigante que florece una sola vez en su vida. La excursión al glaciar Pastoruri es la más accesible de todas.
Ese mismo glaciar se convirtió en la mejor clase de cambio climático que vas a recibir. El hielo retrocedió tanto en las últimas décadas que la ruta se rebautizó como el camino del cambio climático y los guías lo explican con carteles y fotos de cómo era antes. Ya no se puede caminar sobre él ni esquiar como se hacía. Es impresionante y también es un poco triste.
Chavín de Huántar es la excursión cultural del viaje y está del otro lado de la cordillera. Son unas cuatro horas de ruta cruzando el túnel de Kahuish, por encima de los 4.500 metros, hasta el sitio arqueológico preinca con sus galerías subterráneas y el Lanzón. La excursión a Chavín de Huántar incluye el museo del pueblo.
Caraz y Yungay son las dos paradas del valle que conviene conocer. Caraz es un pueblo tranquilo, más bajo, famoso por su manjar blanco y buena base para Parón. Yungay tiene el campo santo, el memorial construido sobre el pueblo que quedó sepultado en 1970, donde solo asoman las copas de las palmeras y el Cristo del cementerio. Es una visita fuerte y necesaria.
Y si querés estirar el viaje, Trujillo está del lado de la costa. Es la puerta a Chan Chan, la ciudad de barro más grande de América, a las huacas moche y a las playas de Huanchaco con sus caballitos de totora. Bajar de la cordillera al desierto costero en un mismo viaje es el mejor final posible. Mirá los lugares cerca de Huaraz.
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