Antes de la llegada de los españoles, estos valles estaban ocupados por los diaguitas, con influencia inca en el último tramo. Eran agricultores y alfareros de una calidad notable, con un sistema de riego que aprovechaba los ríos que bajan de la cordillera. Los caminos incaicos pasaban por acá conectando el altiplano con el centro de Chile, y todavía se ven petroglifos y morteros en las quebradas del interior.
La ciudad se fundó en 1544 por orden de Pedro de Valdivia y fue destruida muy pronto. Un alzamiento diaguita la arrasó a los pocos años, y fue refundada en 1549. Ese doble origen, y el hecho de que la refundación haya quedado documentada, la convierten en la segunda ciudad más antigua del país después de Santiago.
Durante los siglos coloniales, La Serena vivió el acoso permanente de los piratas. Su posición costera la volvió blanco de corsarios ingleses y holandeses que la saquearon e incendiaron en más de una ocasión. Esa historia explica por qué buena parte del casco antiguo se construyó y reconstruyó varias veces.
Las iglesias de piedra son el patrimonio que quedó de esa etapa. La ciudad conserva una cantidad inusual de templos coloniales, levantados con la piedra de la zona, que le dieron su apodo de ciudad de las iglesias. Varios son monumento nacional, están a pocas cuadras unos de otros y se visitan caminando en una sola mañana.
La minería marcó la economía de la región durante el siglo diecinueve. El cobre y el hierro del norte chico movieron fortunas, poblaron pueblos del interior y financiaron buena parte de las casonas del centro. Andacollo y las localidades mineras del interior son testimonio directo de esa época, y todavía hoy la minería sigue pesando en la economía regional.
El aspecto actual del centro viene de un plan urbano de mediados del siglo veinte. Un presidente chileno nacido acá impulsó una transformación que unificó la arquitectura del casco histórico bajo un estilo neocolonial y sumó parques, edificios públicos y la avenida costera. Ese plan es la razón de que el centro se vea tan homogéneo.
Y el Valle del Elqui aportó la figura cultural más importante de la región. Gabriela Mistral, primera persona latinoamericana en recibir el Nobel de Literatura, nació en Vicuña y está enterrada en Montegrande, en el mismo valle donde creció. Su casa y su tumba son visitas centrales del recorrido. Más en historia de La Serena.
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