Este territorio fue durante milenios recorrido por los aónikenk, los tehuelches del sur. Eran cazadores nómades que seguían al guanaco por la estepa patagónica, vivían en toldos de cuero y tenían un conocimiento del terreno que después usaron los primeros exploradores europeos. La palabra Paine viene de su lengua y significa azul.
La primera descripción del macizo que llegó a Europa la escribió una viajera británica en 1880. Lady Florence Dixie recorrió la zona a caballo y publicó un relato que llamó a las torres las agujas de Cleopatra. Ese libro, con ilustraciones y relatos de caza, fue lo que puso el lugar en el mapa del público europeo, décadas antes de que existiera cualquier idea de turismo en la Patagonia.
El hallazgo de la Cueva del Milodón, a fines del siglo diecinueve, causó revuelo científico. Un colono encontró un trozo de piel con pelo de un perezoso gigante en tan buen estado que se llegó a especular que el animal pudiera seguir vivo. Eso disparó expediciones desde Europa y volvió famosa a la región.
Durante la primera mitad del siglo veinte, esta fue tierra de estancias ganaderas. La lana movió la economía de Magallanes y grandes establecimientos ocuparon los valles que hoy son parque, con caminos, alambrados y casas que en varios casos todavía están en pie y funcionan como hotelería.
El parque nacional se creó a fines de la década de 1950 y fue creciendo por partes. Se fueron sumando terrenos hasta llegar a la superficie actual, y en 1978 la UNESCO lo declaró Reserva de la Biosfera. Ese reconocimiento marcó el cambio de una zona productiva a una zona de conservación, y con él llegaron los primeros senderos señalizados y los primeros refugios.
Dos incendios provocados por visitantes dejaron una marca visible hasta hoy. Arrasaron decenas de miles de hectáreas de bosque nativo, y las laderas con troncos quemados que se ven desde varios senderos son ese recuerdo. La lenga de esta latitud crece con extrema lentitud, así que la recuperación se mide en siglos.
El turismo masivo es reciente y hoy es la discusión central del parque. El crecimiento del número de visitantes obligó a implementar cupos, reservas obligatorias y control de senderos, y la tensión entre acceso y conservación está permanentemente sobre la mesa. Entender eso ayuda a tomarse con paciencia los trámites de ingreso. Más en historia de Torres del Paine.
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