Cali se recorre en tres capas distintas y conviene separarlas desde el principio: los miradores en los cerros, el paseo urbano junto al río y, por encima de todo lo demás, la escena de la salsa, que no es un espectáculo al que se asiste sino una actividad en la que se participa. Con dos días completos se cubre lo primero; la salsa pide noches, no horas.
La salsa es la razón por la que se viene y organiza la visita entera. Hay escuelas de baile por toda la ciudad que dan clases sueltas para principiantes absolutos, sin pareja y sin experiencia previa, y son la mejor inversión de tiempo del viaje: con una o dos clases dejás de mirar desde la silla. El estilo caleño es rapidísimo de pies y con pocas vueltas, distinto del que se enseña en Buenos Aires. Después están las salsotecas —Tin Tin Deo, La Topa Tolondra, Zaperoco son las de siempre— y Juanchito, el barrio al otro lado del río Cauca que fue el epicentro histórico del baile. La ruta de la salsa encadena varios locales con alguien que sabe adónde entrar.
Delirio es el otro capítulo de la salsa y es un espectáculo mayor. Mezcla orquesta en vivo, circo y decenas de bailarines profesionales en una carpa, y no funciona todas las noches sino en fechas puntuales del mes, así que hay que mirar la programación antes de armar el itinerario. Si tu viaje coincide con una función, reservá apenas puedas: se agota. Cali también es la cuna de grupos de baile que ganaron campeonatos mundiales, y eso se nota en el nivel de lo que ves arriba del escenario.
El barrio San Antonio es el casco bonito y el mejor paseo a pie. Casas bajas de colores, calles de piedra en pendiente, una capilla colonial en lo alto y una loma con vista donde la gente se sienta al atardecer. Concentra cafés, bares chicos y talleres, y de noche tiene movimiento sin ser peligroso. Es también donde conviene dormir, algo que está desarrollado más abajo.
El boulevard del Río y la avenida Colombia son la costanera urbana. Es un paseo peatonal largo junto al río Cali, con esculturas, terrazas y gente hasta tarde, y sobre él están dos visitas cortas que valen: La Ermita, la iglesia neogótica de aguja azul que es el símbolo gráfico de la ciudad, y el Museo La Tertulia, de arte moderno, con un cine al lado. Cerca, sobre el río, está el gato del río de Hernando Tejada, un gato de bronce enorme rodeado por las "gatas" que distintos artistas pintaron después: es el punto de foto más caleño que hay.
Los dos miradores son el Cristo Rey y el Cerro de las Tres Cruces. El Cristo Rey es una estatua de más de veinte metros sobre el cerro de los Cristales, con toda la ciudad y el valle abajo; se sube en auto o en tour y suele combinarse con el mariposario que está en el camino. Las Tres Cruces se sube caminando y es exigente: la gente local lo hace muy temprano, en grupo, y esa es la única forma razonable de hacerlo. El tour panorámico resuelve los altos en medio día.
Dos visitas más que sorprenden y una advertencia. El zoológico de Cali está considerado de los mejores del continente, está muy bien cuidado y es una salida de mañana completa, ideal si viajás con chicos. Y la Comuna 20, el barrio de ladera al que se llega por el cable del sistema de transporte, se visita únicamente con guías del propio barrio, en el tour por la Comuna 20, nunca por libre. La advertencia: varios museos cierran los lunes. Mirá también las fotos de Cali.
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