Empecemos por los papeles, que es lo primero que se pregunta. El argentino no necesita visa para entrar a Colombia como turista y el trámite en migraciones es rápido. El documento con el que nunca vas a tener discusión en el mostrador de la aerolínea es el pasaporte vigente, así que llevalo aunque escuches que se puede entrar con otro documento. Te van a preguntar dónde te alojás y cuándo salís del país, así que tené a mano la reserva y el pasaje de vuelta.
La moneda es el peso colombiano y los números son enormes. Todo se escribe con muchísimos ceros, así que los primeros dos días vas a estar dividiendo mentalmente en la caja hasta que te acostumbres. Se paga con tarjeta en hoteles, restaurantes y comercios formales, pero para el mercado, los taxis, las tiendas de barrio y la comida callejera necesitás efectivo. Sacá de cajeros dentro de bancos o de centros comerciales, nunca de uno solitario en la calle, y rechazá siempre la conversión a pesos argentinos o a dólares que ofrece la pantalla del cajero: conviene que la conversión la haga tu banco.
La seguridad merece ser tratada con honestidad y sin dramatismo. Cali no es una ciudad peligrosa para el que se mueve por donde se mueve el turismo, y sí lo es en zonas que están lejos de cualquier circuito de visita. Las áreas donde te vas a alojar y pasear —San Antonio, Granada, El Peñón, el norte, el centro de día— funcionan con normalidad. Hay zonas del oriente y de la ladera a las que no se entra por cuenta propia, y eso incluye barrios que se ven cerca en el mapa.
Las reglas prácticas son cuatro y son fáciles de cumplir. No mostrar el celular caminando por la calle ni usarlo en la vereda; no llevar cadenas, relojes vistosos ni la cámara colgando; de noche, taxi de aplicación siempre, aunque sea a tres cuadras; y no aceptar tragos ni cigarrillos de desconocidos en la noche. Con eso resolvés el noventa y cinco por ciento de los problemas que le pasan a los visitantes.
El agua de la red es potable en Cali y se toma sin problema, aunque mucha gente prefiere embotellada por costumbre y por el sabor. Con la comida callejera el criterio es el de siempre: puesto con movimiento, cocción a la vista y fruta que pelen delante tuyo. No hace falta vacuna obligatoria para entrar, pero si desde Cali seguís hacia el Amazonas o hacia zonas de selva del Pacífico, la de fiebre amarilla te la van a pedir o al menos recomendar, y se aplica con anticipación.
Conectividad y trámites cotidianos. Conviene comprar un chip local apenas llegás —se consigue en el aeropuerto y en cualquier centro comercial, con el pasaporte— porque toda la ciudad funciona con aplicaciones: los taxis, los domicilios, los mapas. El wifi de hoteles y cafés es correcto. Los enchufes son de tipo americano, con las patas planas y ciento diez voltios, así que del adaptador y del voltaje de tus cargadores fijate antes de salir.
Un par de costumbres locales que ayudan. Al caleño se le habla con "usted" en el trato corriente y es extremadamente cordial: preguntar cómo llegar a un lugar suele terminar en una conversación larga. En restaurantes suele venir sugerida la propina en la cuenta y te preguntan si la incluís; podés decir que no sin que sea incómodo. El resto de los datos prácticos, con horarios, teléfonos de emergencia y mapas, está en información útil de Cali.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"