Lo primero y lo más importante: el argentino necesita visa para entrar a Estados Unidos. Es la visa de turista B1/B2, y sacarla es un trámite en varios pasos: completar el formulario en línea, pagar el arancel consular, cargar la foto, sacar turno y presentarse en persona a una entrevista en la embajada de Buenos Aires. Los turnos no son inmediatos y la espera se mide en meses, con épocas del año bastante peores que otras. La conclusión práctica es una sola: el trámite se arranca mucho antes de comprar los pasajes, no después.
El ESTA no te sirve, y conviene saberlo antes de perder tiempo. Ese permiso que se saca online en minutos existe solo para los países del programa de exención de visas, y Argentina no está en esa lista. Cualquier página que te ofrezca "el permiso rápido para Estados Unidos" siendo argentino te está vendiendo algo que no vas a poder usar. Además del visado, hay que viajar con pasaporte con vigencia suficiente y tener a mano la reserva de hotel y el pasaje de vuelta, porque en el control migratorio de llegada te los pueden pedir.
Muchas cosas gratis igual necesitan reserva previa, y esa es la trampa número uno de Washington. El Capitolio pide pase con horario, el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana también y es el más difícil de todos, el Museo del Aire y el Espacio funciona con pases de horario, y el Monumento a Washington vende entradas con turno asignado. Todo eso es gratuito o casi, pero se agota. La regla es simple: apenas tengas fechas cerradas, entrá a los sitios oficiales de cada museo y sacá los pases, aunque falten dos meses.
La Casa Blanca merece un párrafo aparte porque genera mucha frustración. Para un extranjero, la visita al interior no se pide en una web: se tramita a través de la embajada de su país en Washington, con mucha anticipación y sin garantía de conseguirla. En la práctica, casi todos los turistas argentinos la ven desde afuera, y está bien: desde Lafayette Square, del lado norte, se saca la foto clásica de la fachada, y desde la Elipse, del lado sur, se ve el jardín. Al lado hay un centro de visitantes gratuito que sí se entra sin trámite.
Un riesgo propio de esta ciudad: los cierres de gobierno. Cuando el Congreso no aprueba el presupuesto a tiempo, se produce un "shutdown" y los museos del Smithsonian, el zoológico y algunos monumentos administrados por el Estado pueden cerrar de un día para el otro, sin aviso y por tiempo indefinido. No pasa todos los años, pero pasó varias veces en la última década. No hay forma de asegurarse contra eso, salvo tener un plan B: los museos privados, la ciudad vieja de Alexandria y Georgetown siguen funcionando igual.
Moverse y cuidarse. El metro y los barrios turísticos son seguros y están muy transitados, pero como toda ciudad grande tiene zonas que no vienen al caso para el turista, sobre todo al sureste y al noreste lejos del centro; de noche, moverse en metro o en aplicación y no cruzar parques a pie. La moneda es el dólar, las tarjetas se aceptan en todos lados y el efectivo casi no se usa. Se propina entre el quince y el veinte por ciento en restaurantes con mesa. Cómo llegar y moverse está desarrollado en cómo llegar a Washington DC.
Detalles chicos que resuelven el día. Los museos del Mall abren en general a las diez y cierran a media tarde, mucho antes de lo que uno espera, así que el atardecer es para monumentos y no para museos. El enchufe es el americano de patas planas y la corriente es de 110 voltios, o sea que hay que llevar adaptador. El agua de la canilla es potable y hay bebederos en todo el Mall. Y algo que sorprende: al precio que ves en la vidriera hay que sumarle el impuesto a las ventas, que se agrega recién en la caja. Dónde comer, en restaurantes en Washington DC.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"