Washington come mucho mejor de lo que su fama sugiere, y eso sorprende a casi todo el que llega esperando una ciudad de burócratas y sándwiches. Tiene una escena gastronómica seria, empujada por dos cosas: una población internacional enorme por las embajadas y los organismos multilaterales, y una comunidad inmigrante muy grande que cocina para sí misma y no para el turista. El resultado es que se come bien en todos los rangos, desde el mostrador de barrio hasta la mesa con mantel.
Lo que hay que probar sí o sí es comida etíope. El área de Washington tiene una de las comunidades etíopes más grandes fuera de África, y eso se traduce en decenas de restaurantes repartidos sobre todo por la zona de U Street y Shaw. Se come con la mano, sobre una masa esponjosa llamada injera que hace de plato y de cubierto a la vez, con guisos de lentejas, verduras y carne alrededor. Es barato, es abundante, hay opciones vegetarianas de sobra y es exactamente el tipo de comida que no vas a encontrar en Buenos Aires.
El plato local de verdad es el half-smoke, una salchicha gruesa, ahumada y picante, servida en pan con chili, cebolla y mostaza. El lugar donde probarlo es la vieja casa de U Street que la sirve desde 1958 y que sobrevivió a los disturbios de 1968 y a la gentrificación posterior: es más un pedazo de historia del barrio que un restaurante. No es comida fina ni pretende serlo, pero es la única cosa que se come acá y en ningún otro lado del país.
Lo otro que define a la región es el cangrejo azul de la bahía de Chesapeake. En temporada, de fines de primavera a principios de otoño, se sirve al vapor y cubierto de una mezcla de especias típica de Maryland, sobre mesas de papel de diario y con martillo de madera para romperlo. Es una experiencia más que una comida: lleva tiempo, ensucia y se come con las manos. La versión rápida y más práctica es la torta de cangrejo, que se consigue todo el año en cualquier mercado o restaurante de la ciudad.
Los mercados son el mejor plan de mediodía. El Eastern Market, en Capitol Hill, es el mercado público más antiguo de la ciudad y funciona con puestos de verdulería, carnicería y comida preparada, con feria de artesanos los fines de semana; ojo con un detalle que arruina planes: cierra los lunes. El Union Market, al noreste, es la versión moderna, un galpón lleno de puestos de cocinas distintas donde cada uno pide lo suyo y se comparte mesa. Los dos resuelven un almuerzo bueno, rápido y sin reserva.
Los barrios donde conviene cenar. Georgetown tiene las mesas más lindas, con las casas de ladrillo y el canal al lado, aunque también los precios más altos y bastante turista. El corredor de la calle 14 y Logan Circle es donde salen a comer los que viven acá, con cocina moderna y buenos bares. Adams Morgan es más informal y nocturno. Capitol Hill, alrededor de Barracks Row, mezcla clásicos de barrio con cocina nueva. Y el barrio chino del centro es chico y bastante flojo: se pasa por al lado y se sigue de largo.
Y una advertencia honesta sobre el National Mall: ahí se come mal y caro. Los carritos de la explanada venden lo mismo de siempre a precios de aeropuerto, y los cafés de algunos museos no son gran cosa. Hay dos excepciones que valen: la cafetería del Museo Nacional del Indígena Americano, con cocina de pueblos originarios, y la del museo afroamericano, con comida sureña. Fuera de eso, caminá cinco cuadras hacia Penn Quarter o L'Enfant Plaza y comés mejor por menos. Dónde parar, en hoteles en Washington DC.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"