San Francisco se ordena por zonas, no por lista de atracciones sueltas. La ciudad es chica pero está partida por cuestas, así que lo que se agrupa geográficamente se hace en un día y lo que se dispersa te come el viaje en subidas. Una primera pasada general con un tour por San Francisco resuelve el mapa mental y te muestra de una los puntos que están lejos entre sí. Después ya podés volver caminando a lo que te interesó, con la información útil de San Francisco a mano.
El Golden Gate se cruza, no se mira. La vereda peatonal del lado este abre de día y es gratis; caminar hasta la primera torre y volver lleva alrededor de una hora, y cruzarlo entero un poco más. En bici es todavía mejor: se alquila en Fisherman's Wharf, se sube por la costa, se cruza el puente y se baja hasta Sausalito, unos trece kilómetros en total, y de ahí volvés en ferry con la bicicleta arriba. Los miradores clásicos son Battery Spencer, del lado norte, y Fort Point, justo debajo del puente.
Alcatraz es la visita que hay que reservar con más anticipación de toda la ciudad. El penal federal funcionó entre 1934 y 1963, después lo ocuparon activistas indígenas entre 1969 y 1971, y hoy se visita con una audioguía narrada por ex guardias y ex presos que es de lo mejor que hay en su tipo. El ferry sale del Pier 33, la visita entera lleva entre dos horas y media y tres, y las entradas se agotan semanas antes. La opción combinada más práctica es el tour por San Francisco con entrada a Alcatraz, que te asegura el lugar.
Fisherman's Wharf y el Pier 39 son turísticos hasta el hueso, pero tienen dos cosas que valen. Una son los lobos marinos, que se instalaron en los muelles flotantes del Pier 39 después del terremoto de 1989 y nunca se fueron: son cientos en invierno y bastante menos en verano, cuando muchos se van a reproducir. La otra es que de acá salen los barcos. Un paseo en barco por la bahía te pone debajo del Golden Gate, y si viajás con chicos funciona bien el combinado de Alcatraz, Fisherman's Wharf y la rueda SkyStar.
Los cable car son transporte y atracción al mismo tiempo, y esa doble condición hay que aprovecharla. Funcionan desde 1873, son los últimos tranvías a cable con operación manual del mundo y quedan tres líneas: Powell-Hyde, Powell-Mason y California. En la terminal de Powell con Market la cola puede ser de más de una hora; el truco es subir en una parada intermedia o tomar directamente la línea California, que casi siempre está vacía. El museo del cable car, en la calle Mason, muestra las poleas funcionando y la entrada es libre.
Lombard Street, Coit Tower y Chinatown se hacen juntos, en un mismo día y a pie. La cuadra torcida de Lombard, en Russian Hill entre Hyde y Leavenworth, tiene ocho curvas cerradas y se baja en auto de a uno, aunque conviene verla desde abajo y no hacer la cola de vehículos. La Coit Tower, arriba de Telegraph Hill, tiene murales de los años treinta y una de las mejores vistas; se sube por las escaleras Filbert, entre jardines y casas de madera. Chinatown, la más antigua de Norteamérica, empieza en el portal de Grant con Bush.
La otra mitad del recorrido es la ciudad de los barrios y los parques. En la Mission están los murales de Balmy Alley y Clarion Alley y la Misión Dolores, de 1776, que es el edificio más antiguo en pie de la ciudad. Haight-Ashbury conserva las tiendas vintage del verano del amor; las Painted Ladies de Alamo Square son las seis casas victorianas con el skyline atrás. El Golden Gate Park es más grande que el Central Park de Nueva York y adentro tiene el museo de Young, la Academia de Ciencias y un jardín japonés. Podés ver cómo se ve todo eso en las fotos de San Francisco.
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