Esta costa es donde empieza la historia europea de América y no es una exageración de folleto. Cristóbal Colón navegó frente a estas playas en su primer viaje, en 1493, y bautizó el lugar por el brillo plateado que veía sobre el mar o sobre la montaña, según la versión que se cuente. En esa misma franja de costa, algo más al oeste, se levantó La Isabela, el primer asentamiento europeo estable del continente, del que hoy quedan cimientos y un parque nacional.
La ciudad como tal se fundó en 1502, durante el gobierno de Nicolás de Ovando, y creció como puerto del norte. Por acá salían los cueros y entraban las mercaderías, y por acá también aparecían los contrabandistas y los corsarios que comerciaban al margen de la corona. Ese comercio ilegal fue tan grande que terminó definiendo el destino del lugar de la peor manera posible unos cien años más tarde.
A comienzos del siglo diecisiete la corona española decidió cortar el contrabando por lo sano y despobló la costa norte entera. Las llamadas devastaciones obligaron a los habitantes a abandonar sus ciudades y mudarse cerca de Santo Domingo, y Puerto Plata quedó prácticamente vacía durante siglo y medio. Recién a mediados del siglo dieciocho volvió a poblarse con familias llegadas de las islas Canarias, y de ahí arranca la ciudad moderna.
La fortaleza San Felipe es el testigo de aquella primera etapa y de casi todas las siguientes. Se construyó en el siglo dieciséis para defender la bahía, sobrevivió al abandono, sirvió de cuartel y de aduana, y en el siglo diecinueve funcionó como cárcel política. Ahí estuvo preso Juan Pablo Duarte, el fundador de la nación dominicana, antes de partir al exilio. Hoy es museo y mirador, y es el edificio más antiguo que sigue en pie en la ciudad.
El siglo diecinueve fue la época dorada y explica todo lo que se ve caminando el casco histórico. El tabaco del valle del Cibao salía por este puerto rumbo a Europa, llegaron comerciantes alemanes y de otros países, y con la plata del boom se levantaron las casas victorianas de madera con galerías, balaustradas y colores que hoy son la postal del centro. Esa arquitectura, rarísima en el Caribe hispano, es herencia directa de aquel comercio.
En esos mismos años Puerto Plata dio al país una de sus figuras más grandes. Gregorio Luperón, nacido acá y de origen humilde, fue el líder militar de la Guerra de la Restauración contra España, entre 1863 y 1865, y años después llegó a presidir el país desde esta misma ciudad, que funcionó como capital provisional. El aeropuerto lleva su nombre, y entender quién fue explica por qué el 16 de agosto se vive tan fuerte por acá.
El siglo veinte dejó dos marcas que siguen visibles. Una es Sosúa, fundada en 1940 por refugiados judíos que escapaban del nazismo y que trajeron la industria lechera y de embutidos a la zona. La otra es el turismo: en los años setenta el Estado eligió esta costa para su primer gran polo turístico, levantó Playa Dorada y la convirtió en el destino de playa del país, hasta que Punta Cana le pasó por encima. Más en historia de Puerto Plata.
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