Chicago tiene dos aeropuertos y saber cuál te toca cambia el día de llegada. El grande es O'Hare (código ORD), a unos veintisiete kilómetros al noroeste del centro, que durante décadas fue el más transitado del mundo y sigue siendo uno de los mayores nudos de conexión del planeta. El otro es Midway (MDW), mucho más chico y bastante más cerca, a unos dieciséis kilómetros al suroeste. Como regla: si venís de afuera del país, llegás a O'Hare; si venís en un vuelo interno de bajo costo, es probable que caigas en Midway. Los detalles de accesos están en cómo llegar a Chicago.
Desde O'Hare al centro, la Línea Azul del tren es difícil de superar. Sale de abajo mismo de las terminales, funciona las veinticuatro horas y tarda alrededor de cuarenta y cinco minutos hasta el Loop, sin importar el tránsito. Es la opción más barata con diferencia y te deja en pleno centro. La contra es real y hay que decirla: si llegás con dos valijas grandes, con chicos o de madrugada, el tren se vuelve incómodo y ahí conviene otra cosa.
Desde Midway, la Línea Naranja hace lo mismo en menos tiempo. Son unos veinticinco a treinta minutos hasta el Loop y la terminal es tan chica que del avión al andén se camina poco. Midway concentra vuelos domésticos y suele tener tarifas más convenientes dentro de Estados Unidos, así que si estás armando el tramo Nueva York–Chicago o Orlando–Chicago, fijate en los dos aeropuertos antes de comprar: la diferencia de precio a veces justifica el aeropuerto menos cómodo, y a veces no.
Desde Buenos Aires lo normal es conectar, no volar directo. Las rutas habituales pasan por Miami, Houston, Dallas o Atlanta con las aerolíneas estadounidenses, o por Panamá, Bogotá, Lima y Santiago con las de la región. Contá entre catorce y veinte horas de puerta a puerta según la escala. Un detalle que mucha gente no sabe: el control migratorio y de aduana de Estados Unidos se hace en el primer aeropuerto donde tocás suelo estadounidense, no en Chicago, así que dejá tres horas largas de conexión en Miami o Houston.
La forma más lógica de sumarlo es como tramo interno de un viaje más grande. Desde Nueva York son unas dos horas y media de vuelo, desde Miami unas tres, desde Orlando algo menos de tres. Por eso Chicago encaja tan bien como segunda o tercera ciudad de un itinerario: los vuelos domésticos son frecuentes, hay competencia y se consiguen buenos precios comprando con anticipación. Tres o cuatro noches acá al final de un viaje a Nueva York cambian por completo la sensación del recorrido.
Del aeropuerto a la puerta del hotel, si no querés tren. Los taxis y las aplicaciones de viajes funcionan bien en ambos aeropuertos, con paradas señalizadas, pero desde O'Hare en hora pico el trayecto se puede estirar más de una hora y la tarifa dinámica se dispara. Si viajás en grupo, con equipaje pesado o llegás de noche, el traslado desde el aeropuerto de Chicago te deja el precio cerrado de antemano y a alguien esperándote con tu nombre.
Y queda la opción por tierra, que en esta ciudad tiene sentido. Chicago fue construida por el ferrocarril y sigue siendo el nudo ferroviario del país: a la Union Station llegan los trenes de larga distancia desde Nueva York, Washington, Nueva Orleans, Seattle y San Francisco, y la línea corta a Milwaukee tarda alrededor de una hora y media. También hay micros de larga distancia, más baratos y bastante más lentos. Si manejás, tené en cuenta dos cosas: el tránsito de las autopistas de acceso es pesado y estacionar en el centro es caro y complicado, así que el auto solo conviene si vas a salir de la ciudad.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"