Chicago tiene mucha oferta hotelera y buena parte de ella está bien ubicada, que es exactamente lo contrario de lo que pasa en Nueva York. La regla es simple: quedate dentro de la franja que va del río al lago y del Loop hasta la altura de Lincoln Park, y vas a poder caminar o tomar un tren corto a casi todo. Fuera de esa franja se ahorra poco y se pierde mucho tiempo. Las opciones por zona están en hoteles en Chicago.
El Loop es la zona más práctica para una primera visita corta. Es el corazón administrativo, con el tren elevado dando la vuelta por arriba, y te deja a pie del Millennium Park, del Art Institute, del Riverwalk y de la Willis Tower. Su punto flojo es conocido: de noche y los fines de semana se vacía bastante, porque es zona de oficinas, y algunas cuadras quedan sin movimiento. A cambio, los hoteles de acá suelen bajar mucho los precios los sábados y domingos, cuando se van los viajeros de negocios.
River North y Streeterville son la elección más equilibrada. Están apenas al norte del río, tienen la mayor densidad de restaurantes y bares de la ciudad, quedan a cinco minutos a pie de la Magnificent Mile —el tramo comercial de Michigan Avenue— y al Navy Pier se llega caminando. Es la zona donde más hoteles hay y donde el que viaja por primera vez difícilmente se equivoque. Streeterville además tiene el lago a la vuelta y varios edificios con vistas que valen el desvío.
Gold Coast y Lincoln Park son para quedarse más días. Gold Coast es el barrio elegante clásico, con casonas de piedra, veredas arboladas y Oak Street Beach a dos cuadras. Lincoln Park, más al norte, es residencial, tiene el parque enorme del mismo nombre con un zoológico gratuito y un conservatorio, y se llena de familias los fines de semana. Ambos son tranquilos, seguros y muy caminables; la contra es que al centro hay que ir en tren o colectivo, unos quince o veinte minutos.
Wicker Park y Logan Square, si buscás precio y barrio real. Al noroeste, sobre la Línea Azul, hay hoteles boutique y muchísimo alquiler temporario a valores bastante más bajos que en el centro, en zonas con vida propia, buenos bares y la mejor comida de la ciudad a la vuelta de la esquina. Tiene otra ventaja concreta: esa misma línea de tren te lleva directo a O'Hare sin trasbordos. La contra es que al Museum Campus y al lago te queda lejos.
Los hoteles históricos son una experiencia en sí misma. El Palmer House, en pleno Loop, es uno de los hoteles en funcionamiento continuo más antiguos de Estados Unidos y tiene un lobby con techo pintado que se puede entrar a ver aunque no te alojes. El Drake, en la punta norte de la Magnificent Mile frente al lago, es de 1920 y conserva su té de la tarde. Dormir en uno de estos edificios cuesta parecido que en una cadena moderna equivalente y suma bastante al viaje.
Dos advertencias antes de reservar, que valen plata. Primero: el impuesto hotelero de Chicago está entre los más altos del país y no aparece en el precio que ves en el buscador, así que mirá siempre el total final; a eso muchos hoteles le suman un cargo diario por servicios que tampoco figura arriba. Segundo: estacionar en el centro es carísimo y casi ningún hotel lo incluye, otro motivo para no alquilar auto si te vas a quedar en la ciudad. Y reservá con tiempo si viajás en verano: los festivales grandes y las convenciones de McCormick Place llenan la ciudad y disparan las tarifas de un día para el otro.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"