Chicago concentra su calendario en el verano de una manera casi desesperada, y se entiende: son tres o cuatro meses de buen clima entre dos inviernos largos, y la ciudad los aprovecha hasta la última tarde. De junio a septiembre hay algo gratis pasando en los parques prácticamente todos los fines de semana, además de los festivales grandes que llenan hoteles y aviones. El invierno tiene lo suyo, pero es otra escala. La agenda actualizada está en eventos en Chicago.
El río se tiñe de verde para San Patricio y hay que verlo una vez. Es a mediados de marzo, temprano por la mañana, y consiste en unos botes que vuelcan un colorante vegetal en el Chicago River hasta dejarlo de un verde fluorescente que dura unas horas. Después viene el desfile por Columbus Drive y la ciudad entera se pone a tomar cerveza. Es una tradición de la enorme colectividad irlandesa local que arrancó en 1962 y es probablemente el evento más fotografiado del año. Conseguí lugar sobre el puente de Michigan Avenue bien temprano o no ves nada.
El Chicago Blues Festival es la razón de peso para ir en junio. Es el festival de blues gratuito más grande del mundo, se hace en el Millennium Park y en Grant Park durante varios días y trae a lo que queda de la escena histórica más lo nuevo. Para el que viene por la música, es el mejor momento del año: la ciudad del blues eléctrico tocando al aire libre y gratis. En septiembre, el fin de semana largo del Día del Trabajo estadounidense, el Chicago Jazz Festival hace lo mismo con el jazz.
Lollapalooza es el evento que más gente de afuera mueve. Se hace a principios de agosto en Grant Park, sobre el lago, durante cuatro días, con varios escenarios y carteleras de nivel mundial. Nació acá como festival itinerante en 1991 y desde 2005 tiene su base fija en Chicago, que es la matriz de todas las versiones que después se armaron en Buenos Aires, Santiago y São Paulo. Si no vas al festival, esquivá esa semana: los hoteles se disparan y el centro queda saturado.
Y hay dos clásicos más del verano que son gratis. El Taste of Chicago, en Grant Park, junta durante varios días a decenas de restaurantes de la ciudad vendiendo porciones chicas al aire libre, con escenarios de música incluidos. El Air and Water Show, en agosto sobre North Avenue Beach, es una exhibición aérea que se mira desde la playa con cientos de miles de personas alrededor; si no querés multitud, se ve casi igual de bien desde cualquier punto de la costa al norte.
El deporte es un evento en sí mismo y ordena muchos viajes. El Wrigley Field, donde juegan los Cubs de béisbol, es de 1914 y es uno de los estadios más antiguos y queridos del país, con su marcador manual y la hiedra en las paredes; ir a un partido es un plan de tarde entera aunque no entiendas el juego. Están también los White Sox del lado sur, los Bulls y los Blackhawks en el United Center y los Bears de fútbol americano en Soldier Field, sobre el lago. Las temporadas se reparten a lo largo del año, así que casi siempre hay algo.
El invierno tiene su propio calendario y es más lindo de lo que parece. Desde mediados de noviembre y hasta Navidad funciona el Christkindlmarket en Daley Plaza, un mercado navideño de tradición alemana con vino caliente y puestos de madera, herencia de la inmigración germana de la ciudad. Se suman las luces de la Magnificent Mile, la pista de patinaje del Millennium Park y los museos vacíos, que en enero se disfrutan como nunca. Es la época más barata del año para dormir en el centro, y esa es una compensación real por el frío.
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