Lo primero y lo más importante: el argentino necesita visa para entrar a Estados Unidos. Es la visa de turista B1/B2, se tramita ante la embajada en Buenos Aires, incluye una entrevista presencial y el turno puede demorar meses, así que es lo primero que hay que resolver, antes de pensar en pasajes u hoteles. Argentina no forma parte del programa de exención de visa, de modo que el ESTA no aplica: si alguien te dice que con un formulario online alcanza, te está confundiendo con otro pasaporte. Los requisitos y los tiempos cambian, así que verificalos siempre en la fuente oficial y no en foros.
El dinero se maneja con tarjeta y conviene entenderlo antes de llegar. Prácticamente todo se paga con tarjeta, incluso montos chicos, y muchos lugares directamente no aceptan efectivo. Dos costumbres locales que descolocan al argentino: los precios que se exhiben no incluyen el impuesto, que se suma recién al pagar, y la propina no es opcional en restaurantes con servicio de mesa, donde lo esperado ronda entre el 18 y el 20 por ciento. En bares se deja algo por trago y en taxis, alrededor del 15 por ciento.
El transporte público es bueno, barato y suficiente para casi todo. La red se llama CTA e incluye el famoso tren elevado, el "L", con ocho líneas identificadas por color que se cruzan en el rectángulo elevado del Loop, más una red de colectivos densa. Se paga con la tarjeta Ventra o directamente apoyando una tarjeta sin contacto, y existen pases de uno, tres y siete días que salen a cuenta si vas a moverte mucho. Para distancias cortas están las bicicletas públicas Divvy, con estaciones por toda la zona céntrica.
La seguridad hay que explicarla con precisión y sin alarmismo. Chicago carga con una fama pesada que viene de las estadísticas de la ciudad tomadas en bloque, y esas estadísticas esconden un dato clave: la violencia está muy concentrada en un puñado de barrios del lado sur y del lado oeste —Englewood, Austin, Garfield Park y alrededores— adonde el turista no tiene ningún motivo para ir. Las zonas donde vas a estar vos —el Loop, River North, Streeterville, Gold Coast, Lincoln Park, Lakeview, Wicker Park— son seguras y se caminan de noche con normalidad. Lo que sí existe en el centro es el hurto de teléfonos y carteras, sobre todo en el tren de madrugada y en zonas de bares.
Si vas a entrar a varios lugares pagos, la tarjeta combinada conviene. Entre el Skydeck, el 360, el Field Museum, el Shedd, el Art Institute y el Planetario, las entradas sueltas se suman rápido y la combinación de varias atracciones en un solo pase termina saliendo bastante menos que comprarlas por separado. Tiene sentido si vas a hacer al menos tres o cuatro de esas visitas en pocos días; si sos de museo único y mucha caminata, no. Está el Chicago CityPASS para resolverlo de una.
Detalles prácticos que evitan dolores de cabeza. El enchufe es de tipo americano, con patas planas, y la corriente es de 110 voltios, así que necesitás adaptador y conviene revisar que el cargador sea de rango universal. La atención médica es carísima sin cobertura: el seguro de viaje no es un lujo, es la parte más importante del presupuesto después del pasaje. El número de emergencias es el 911. El agua de la canilla es potable en toda la ciudad.
Idioma, horarios y huso horario. El idioma oficial es el inglés y en el centro no vas a tener problemas, aunque en barrios como Pilsen o La Villita el español se escucha por todos lados. Chicago está en la zona horaria central: en el verano boreal Buenos Aires está dos horas adelante y en el invierno boreal, tres. Los comercios abren temprano y los restaurantes cenan temprano también: a las nueve de la noche muchas cocinas ya están cerrando. Mapas, direcciones y todo lo logístico, en información útil de Chicago.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"