Entre Buenos Aires y Nueva Orleans hay unos 7.900 kilómetros en línea recta y no existe ningún vuelo directo, ni lo hubo nunca. El viaje se arma siempre con una o dos escalas y, de puerta a puerta, calculá entre dieciséis y veintidós horas según la combinación que consigas. La diferencia horaria es cómoda para el cuerpo: Luisiana está en la zona horaria central, así que cuando en Buenos Aires es mediodía, acá son las diez de la mañana entre marzo y noviembre, y las nueve el resto del año, cuando termina el horario de verano estadounidense.
La ruta más usada por el argentino es la que pasa por Miami, y es la que más frecuencias tiene. Desde Ezeiza hay vuelos sin escalas a Miami con varias compañías, un tramo de unas nueve horas que sale de noche y llega a la mañana siguiente, y desde ahí a Nueva Orleans son poco más de dos horas de vuelo interno, con salidas repartidas a lo largo de todo el día. Es la opción con menos sorpresas y la que más fácil se rearma si perdés una conexión, porque hay muchos vuelos por día en ese segundo tramo.
Las otras puertas de entrada son Atlanta, Houston y Dallas, y a veces salen bastante mejor de precio. Atlanta está a menos de dos horas de vuelo de Nueva Orleans, Houston a poco más de una y Dallas a una hora y media larga, y los tres son centros de conexión enormes con vuelo desde Buenos Aires. También se puede subir por Panamá, Bogotá o Lima y empalmar ahí con un vuelo a alguno de esos aeropuertos, pero eso ya son dos escalas y un día entero de viaje. Conviene comparar el total de horas y no solo la tarifa.
Hay una regla del sistema estadounidense que hunde a mucha gente y que conviene tener clarísima antes de comprar. Migraciones y aduana se hacen en el primer aeropuerto donde pisás Estados Unidos, no en el destino final: bajás, hacés la fila de control, retirás la valija, la volvés a despachar y pasás otra vez por seguridad. Con eso, una conexión de menos de tres horas en Miami, Atlanta o Houston es jugar con fuego, sobre todo si viajás en temporada alta. Y sin la visa B1/B2 aprobada no te dejan ni embarcar en Ezeiza.
El aeropuerto es el Louis Armstrong, con código MSY, y está a unos dieciocho kilómetros al oeste del centro, en la localidad de Kenner. La terminal actual se inauguró en noviembre de 2019, es cómoda y bastante rápida de cruzar. Hasta el Barrio Francés son entre veinticinco y cuarenta minutos según el tránsito. Las opciones son taxi con tarifa fija hacia el centro, aplicaciones de viajes con punto de encuentro señalizado en el nivel de arribos, y un servicio de colectivo público que es la alternativa económica pero tarda bastante más y con valijas se hace incómodo.
También se llega por tierra, y en un circuito largo por el sur de Estados Unidos tiene todo el sentido del mundo. De la estación Union Passenger Terminal salen tres trenes de larga distancia: el City of New Orleans hasta Chicago, que tarda unas diecinueve horas; el Crescent, que sube a Nueva York por Atlanta y Washington; y el Sunset Limited, que cruza Texas rumbo al oeste. En auto, la interestatal 10 conecta con Houston en unos 560 kilómetros y con Atlanta en algo más de 760, y Baton Rouge queda a apenas 130 kilómetros, poco más de una hora.
Una vez acá, la recomendación honesta es no alquilar auto para moverte por la ciudad. El Barrio Francés se camina, el tranvía cubre St. Charles, Canal y la costanera, hay colectivos con pase diario y las aplicaciones funcionan bien y son baratas. Estacionar en el centro es caro, complicado y las grúas trabajan con entusiasmo. Distinto es si vas a hacer el camino del río, el país cajún o la costa del Golfo: para eso sí conviene un auto por dos o tres días. Mirá los detalles en cómo llegar a Nueva Orleans.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"