El paseo más clásico saliendo de la ciudad es el camino del río, que sube por la orilla del Misisipi entre plantaciones del siglo diecinueve. La más fotografiada es Oak Alley, en Vacherie, a unos noventa kilómetros, famosa por la avenida de veintiocho robles centenarios que va desde el dique hasta el frente de la casa. A pocos kilómetros están Laura, que cuenta la historia desde el punto de vista de una familia criolla, y Whitney, la única del país concebida enteramente como museo de la esclavitud. La excursión a la plantación Oak Alley se hace en medio día.
La otra salida obligada es el pantano, y está mucho más cerca de lo que uno imagina. A media hora al sur de la ciudad empieza la Reserva Barataria, parte del parque histórico nacional Jean Lafitte, con pasarelas de madera sobre el agua, cipreses cubiertos de musgo español, garzas, tortugas y caimanes que se ven de verdad, no en un cartel. Hay dos maneras de recorrerlo: en lancha tranquila, mejor para fotos y para ir con chicos, o en aerodeslizador, que es rápido y ruidoso. El paseo en aerodeslizador por la Reserva de Barataria es el que más adrenalina tiene.
Baton Rouge, la capital del estado, queda a 130 kilómetros por la interestatal 10 y es una escala cómoda de una jornada. Lo que hay que ver ahí es el Capitolio, un rascacielos art déco de más de ciento treinta metros que mandó a construir el gobernador Huey Long en los años treinta y donde él mismo fue asesinado en 1935; se sube gratis al mirador del piso veintisiete y desde arriba se entiende el recorrido del río. Están también el antiguo Capitolio neogótico, el acorazado USS Kidd amarrado en la costanera y el campus de la universidad estatal.
Si querés entender de dónde viene la mitad de la cultura del estado, tenés que ir al país cajún. Lafayette está a unos 220 kilómetros al oeste y es la capital de esa región, con música en vivo casi todas las noches, salones donde se baila zydeco y una aldea reconstruida que muestra cómo vivían los acadianos. Cerca queda Breaux Bridge, que se declara capital mundial del crawfish, y la enorme cuenca del Atchafalaya, el pantano más grande del país. Un poco más lejos, en Avery Island, se visita la fábrica donde se hace la salsa Tabasco desde 1868.
Hacia el norte y hacia el este está la costa del Golfo, que es la playa de los habitantes de Nueva Orleans. Para llegar al lado norte del lago Pontchartrain se cruza un puente de 38,4 kilómetros, uno de los más largos del mundo sobre agua, donde durante varios minutos no ves tierra por ninguno de los dos lados; del otro lado están Mandeville y Covington, con sus casonas y su ritmo de pueblo. Siguiendo por la costa aparecen Biloxi y Gulfport, en Misisipi, a unos 145 kilómetros, y más allá Mobile, en Alabama, donde el carnaval se festeja desde antes que acá.
Si tenés más días y venís armando un circuito largo, el sur profundo se encadena bastante bien por tierra. Natchez, en Misisipi, está a unos 270 kilómetros río arriba y conserva el conjunto de casonas anteriores a la Guerra Civil más completo de la región. Más al norte, Vicksburg tiene su campo de batalla y Memphis queda a unos 640 kilómetros, con la ruta del blues, Graceland y los estudios de grabación. Hacia el oeste, Houston está a 560 kilómetros por la misma autopista. Es un viaje de auto, con etapas de cinco o seis horas entre ciudad y ciudad.
Y si el viaje es de una sola vez y querés combinarlo con otros destinos aéreos, hay dos armados que funcionan bien. El primero es sumar Nueva Orleans a un viaje a Miami o a Orlando, que quedan a poco más de dos horas de vuelo y con muchísimas frecuencias diarias, ideal si llegás por Miami de todos modos. El segundo es el circuito musical del sur, uniendo esta ciudad con Memphis y Nashville en vuelos cortos o en auto. Cualquiera de los dos suma dos o tres días. Revisá el mapa completo de lugares cerca de Nueva Orleans.
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