Samaná tiene clima tropical húmedo y eso quiere decir calor todo el año, sin estaciones como las nuestras. Las máximas se mueven casi siempre entre 28 y 31 grados y las mínimas rara vez bajan de los 20, tanto en enero como en julio. Lo que cambia de mes a mes no es la temperatura sino la humedad, el viento y la cantidad de lluvia. La sensación térmica siempre es más alta que el número del termómetro, sobre todo tierra adentro, donde no entra la brisa del mar.
La península es de las zonas más lluviosas del país y conviene saberlo antes de indignarse. La montaña del centro frena las nubes que vienen del Atlántico y las descarga sobre la costa norte, por eso el verde es tan intenso y por eso hay cascadas. Llueve en cualquier mes del año, generalmente en forma de chaparrones fuertes y cortos que descargan y se van, más frecuentes al final de la tarde. Un día entero de lluvia pareja existe, pero no es lo habitual.
Los meses más secos y más agradables son de enero a abril, y no es casualidad que sea la temporada alta. En ese tramo baja la humedad, el aire está más limpio, entra el viento del noreste y coinciden las ballenas. Es la mejor ventana para caminar hasta la cascada del Limón sin derretirse y para pasar el día en lancha. La contrapartida obvia es que todo el mundo lo sabe: hoteles llenos, excursiones que se agotan y precios en su punto más alto del año.
De junio a noviembre corre la temporada de huracanes en el Caribe y eso hay que tomarlo en serio. No significa que vaya a pasar algo, la mayoría de las temporadas transcurre sin que la península reciba un impacto directo, pero sí significa más probabilidad de tormentas tropicales, de mar cerrado y de excursiones náuticas canceladas. Los meses de mayor actividad suelen ser agosto, septiembre y octubre. Si viajás en ese período, contratá seguro y dejá margen entre el último día de playa y el vuelo.
El agua del mar está tibia todo el año y esa es una de las grandes ventajas del destino. Ronda los 26 a 28 grados incluso en los meses frescos, así que nunca vas a dudar antes de entrar. La bahía de Samaná, protegida, casi siempre está calma y es ideal para nadar con chicos; la costa norte abierta al Atlántico, en cambio, tiene oleaje y corrientes que en algunos días complican, sobre todo cuando entran marejadas de invierno boreal.
El sol pega mucho más fuerte de lo que estás acostumbrado, porque estás a diecinueve grados de latitud. Entre las once y las tres la radiación es brutal y el nublado engaña: se quema igual. Protector alto renovado varias veces, remera para el snorkel, sombrero y agua encima, siempre. En la lancha de ballenas o de Los Haitises no hay dónde esconderse durante horas, y ahí es donde la gente se arruina el resto del viaje con una quemadura seria.
La regla práctica para armar la valija es simple: ropa liviana más una capa contra el agua. Todo de secado rápido, un rompeviento fino para las salidas en barco y para el aire acondicionado, calzado cerrado con buena suela para los senderos de barro, ojotas para la playa y repelente en cantidad, que los mosquitos aparecen al atardecer y después de las lluvias. Para ver cómo viene el mes que estás mirando, consultá el clima de Samaná.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"