En Samaná la decisión más importante no es el hotel sino en qué punto de la península dormís. Los pueblos están separados por caminos de montaña y lo que en el mapa parece cerca puede ser una hora de curvas. Elegir mal la base significa pasarse el viaje manejando de noche por rutas sin iluminación. Antes de reservar, definí qué vas a hacer: si el plan son las ballenas y Los Haitises, la base natural es una; si el plan es playa y restaurantes, es otra.
Las Terrenas es la zona con más oferta y la más elegida por el que quiere movimiento. Hay apart hoteles, complejos medianos, casas y villas de alquiler, y también hoteles chicos de dueños europeos, repartidos entre el centro del pueblo y las playas de alrededor. Tenés restaurantes, supermercados, farmacias y vida nocturna caminando. La contra es el ruido en la franja del frente al mar los fines de semana y que en temporada alta el pueblo se pone bastante denso.
Santa Bárbara de Samaná es la base práctica para el que viene por el agua. Del muelle salen las lanchas de ballenas, de Los Haitises y de Cayo Levantado, así que dormir acá te ahorra madrugones y traslados. La oferta es más chica y más sencilla, con algunos hoteles trepados al cerro que tienen vistas amplias sobre la bahía y sobre el puente. No esperes gran movida gastronómica ni nocturna: el pueblo se apaga temprano y la gracia está en el paisaje.
Las Galeras es para el que quiere silencio de verdad y sabe lo que eso implica. Es un caserío al final del camino, rodeado de las playas más salvajes de la punta este, con hoteles chicos, cabañas y algún alojamiento de estilo ecológico entre la vegetación. Lo que ganás es levantarte sin ruido y tener playas casi vacías a pocos minutos. Lo que resignás es variedad de restaurantes, cajeros automáticos, farmacias y cualquier plan después de las diez de la noche.
El formato todo incluido existe, pero acá es minoría y funciona distinto. Hay algunos complejos grandes sobre la bahía y en el islote de Cayo Levantado, y son la opción cómoda si querés el modelo Punta Cana con paisaje de Samaná. El riesgo es evidente: si te quedás adentro del complejo, te perdiste el destino, porque lo que hace especial a esta península está afuera. Si vas a esa modalidad, dejá al menos dos días libres para excursiones fuera del hotel.
Para el interior y las playas apartadas hay un circuito de alojamientos rurales que vale la pena. En la zona del Limón, de El Valle y de Cosón aparecen cabañas, casas de campo y hospedajes de pocas habitaciones metidos entre plantaciones, con desayuno casero y silencio absoluto. Son ideales para dos o tres noches, no siempre tienen aire acondicionado y casi nunca están sobre el asfalto, así que sin auto o sin traslado arreglado quedás bastante aislado.
Tres advertencias concretas antes de reservar. Primero, en temporada de ballenas los alojamientos se agotan con meses de anticipación y los precios suben con fuerza, así que se reserva temprano o no se consigue. Segundo, preguntá siempre si hay generador, porque los cortes de luz son frecuentes y sin generador te quedás sin ventilador ni agua caliente. Tercero, confirmá cómo llegás desde el aeropuerto. Las opciones ordenadas están en hoteles en Samaná.
IMPORTANTE: las compras realizadas con tarjetas de crédito argentinas, se pagan en pesos argentinos a la cotización del "dólar tarjeta / turista"